Nuestras disertaciones filosóficas

Mi disertación

La esclavitud


Por Desiree Claire Martín Peralta, alumna de 1º de Bachillerato

Recogiendo notas para esta disertación acudo a un texto en el que se señala que "La esclavitud es tan antigua como la guerra, y la guerra es tan antigua como la naturaleza humana.Los atenienses, los romanos y los cartagineses, dictaron las leyes más crueles respecto a la esclavitud. Los dueños tenían derecho de vida y muerte sobre los esclavos".

Ahora, me sumo a este interrogante que he encontrado: ¿Quién creería que los judíos, que parecen nacidos para servir a las demás naciones, tuvieran también esclavos? Marcado está en sus leyes que pueden comprar a sus hermanos por seis años y a los extranjeros para siempre.

Es difícil comprender cómo pudieron decir los judíos a Jesús en el Evangelio de San Juan: "No hemos servido nunca a nadie", cuando entonces eran vasallos de los romanos; cuando fueron vendidos en el mercado después de la toma de Jerusalén; cuando fueron reducidos a la esclavitud siete veces en la tierra prometida, según su propia confesión y cuando en todos sus escritos hablan de su servidumbre en Egipto, en aquel Egipto que detestaban. El reverendo padre Calmet dice que lo que les sucedió era una "servidumbre intrínseca", que es aún más difícil de comprender. Habitaban Italia, las Galias, España y parte de Alemania, extranjeros que se convirtieron en señores, mientras los naturales de dichos países llegaron a ser esclavos de ellos. De este mismo modo procedieron los turcos poco después en Grecia, pero impusieron a los griegos un tributo de hijos. Las mujeres se educaban  en los serrallos y los griegos, por dinero, se libraron de ese tributo.

Subsistió siempre, entre africanos, musulmanes y  europeos cristianos, la costumbre de saquear y de hacer esclavos a todos los hombres que vencían en el mar. Son aves de presa que se echan unas sobre otras. Argelinos, tunecinos y marroquíes viven de la piratería. Los blancos van a comprar negros baratos para revenderlos en América. Sólo los habitantes de la Pensilvania han renunciado, desde hace poco, a dedicarse a ese tráfico indignante.

Samuel Freiherr von Pufendorf, jurista alemán, dice que se estableció la esclavitud "por el libre consentimiento de las dos partes y por medio del contrato". Por otro lado, Hugo Grocio, otro jurista pero de origen neerlandés, se pregunta si el hombre que queda prisionero en la guerra tiene derecho a huir, y él mismo se contesta diciendo que no tiene ese derecho. ¿Por qué no dice también que cuando es herido no tiene derecho a que le curen? Sin duda, su hipótesis es irrazonable.

Pasemos ahora a la teoría de la esclavitud de Aristóteles. Aristóteles consideraba la esclavitud natural, a partir de la suposición de que hay quienes nacen para mandar y los que nacieron para ser controlados. El filósofo griego compara el esclavo con un bien material, un instrumento que provoca un instrumento más, y ayuda en relación con los instrumentos de acción.A raíz de esto, nos encontramos con la idea de “propiedad”. Las condiciones de orden y la obediencia son inevitables y apropiadas. Aristóteles consideraba que siempre habrá uno que manda y otro que obedece.

Para el peripatético griego los esclavos no se diferencian de los animales, que sirven para reparar el cuerpo. La naturaleza ha hecho que los cuerpos de hombres libres y los cuerpos de los esclavos sean diferentes, pues que el esclavo tiene un cuerpo fuerte para las actividades de servir a su amo. Si mueren sin hijos, sus bienes los hereda su señor. Si tienen hijos, el señor sólo toma sus animales mejores y sus mejores muebles, teniendo derecho a escoger en más de una región. En algunas regiones, si el hijo del esclavo "mano muerta" no se encuentra en la casa de la esclavitud paternal un año y un día antes de la muerte del padre, pierde todos sus bienes y continúa siendo esclavo. Lo que quiere decir que si adquiere algunos bienes por medio de su industria, cuando muera pertenecerá ese pecunio a su señor.

Pero Montesquieu, por ejemplo, condena filosóficamente la institución, al tiempo que justifica la esclavitud de los “negros" sobre una base pragmática, climática y racista. Y Jean Jacques Rousseau, también en Francia, excluye de su argumentación en contra del régimen esclavista a los millones de esclavos que subsistían en tanto que propiedad en manos de europeos. Como otros en su época, condena la esclavitud en abstracto: “El derecho a la esclavitud es nulo, no sólo por ilegítimo, sino por absurdo y porque realmente no significa nada. Las palabras esclavo y derecho -derecho, es decir, ley- son contradictorias y se excluyen mutuamente”.

Por último, citaré un libro llamado “La dialéctica del amo y el esclavo en Hegel",de Alexandre Kojève. En él, nos habla de que Hegel propuso la idea de una lucha constante entre un Amo que mantiene oprimido a un Esclavo, a partir del miedo que éste tiene a su muerte y, por otro lado, el impulso que eventualmente siente el Esclavo por salir de la dominación del Amo. Kojève leyó este fragmento de la Fenomenología con una doble clave: el marxismo y el existencialismo.¿Por qué leerlo? Si bien esta lectura puede no ser sencilla, después de cierto esfuerzo es posible encontrar en las tesis de Alexandre Kojève, el entendimiento de que no hay libertad sin trabajo ni sin angustia, y que es impostergable atender el llamado que surge en nuestra existencia para sacudirnos la dominación del Amo y emprender la construcción de nuestro propio mundo.


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Mi disertación

El miedo

Por Naiara Pimienta, alumna de 1º de Bachillerato

Como dijo Tito Livio, un Historiador latino con un gran interés en la filosofía, “el miedo siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que son” . 

Muchas personas creen que son capaces de controlar o liberar esta inquietud permanente, sin discernir que es una de las emociones humanas más naturales y primitivas que existen. Nos manipula con un instinto de supervivencia, generado por un mecanismo de defensa propia ante situaciones de peligros inminentes. 

Conforme la RAE, es definido como una angustia por un riesgo, un daño real o imaginario, un recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea. No obstante, no pretendo personalizar, pero manifiesto desde mi punto de vista que significa mucho más que eso. Esta emoción es bastante subjetiva y no existe persona que no tenga algún miedo, como dijo Nelson Mandela  “no es valiente el que no tiene miedo, sino el que sabe conquistarlo”  y así es.

Según Aristóteles, el miedo siempre permanece, y aunque suene insólito lo podríamos comparar e incluso relacionar con una farola. Permanece siempre en el mismo lugar, con la única disparidad de estar apagada o encendida, pero siempre está. Lo mismo ocurre con el miedo, puede estar mortecino o todo lo contrario, activo ante los posibles riesgos y peligros que la vida nos depara. Lo más que me sorprende es, que este gran filósofo, tiene la visión de que una persona puede destruir todo lo que tiene dentro de sí mismo, ya sea el amor, el odio, las creencias e incluso la duda; pero mientras se apega a la vida no puede destruir el miedo. Afirma que es la emoción más primitiva y más fuerte de la humanidad y vincula el paso del miedo a la huida.

Igualmente, el filósofo alemán Martín Heidegger establece una diferencia entre dos sensaciones que confunden y nos hacen parecer iguales, el miedo y la angustia. 
La angustia es un estado en el que el individuo expresa su interioridad ante la propia existencia, es el temor a una cosa indefinida y se puede puntualizar que es un pensamiento existencialista. El miedo en cambio, tiene la característica de ser objetiva y los ejemplos podrían ser miles y, si bien existen acontecimientos que generan temor dependerá de cada persona en particular. Los dos estados son semejantes, ya que ambos nos transmiten inseguridad, pero mientras uno de ellos tiene una referencia definida, el otro consiste en algo indefinido. 

Por otro lado, la inseguridad que nos transmite el miedo nos difunde también seguridad, ya que al refugiarnos en él, nos estamos protegiendo con cierta precaución.

Aunque no suene creíble, esta emoción es fundamental en nuestra vida, ya que nos evita de cierta forma correr un peligro. Para superar nuestros miedos debemos centrarnos en nuestra motivación trascendente, que nos empuja para seguir adelante a pesar de los riesgos que se tomen. El miedo en ocasiones nos paraliza mentalmente o nos crea fobias y es algo esencialmente importante que hay que enfrentar y controlar. Es curioso observar cómo, cuando las personas están atrapadas por el miedo, terminan haciendo exactamente lo contrario de lo que deberían hacer. Todo es psicológico, y según la psicología, es una de las emociones primarias, aparte de la alegría, sorpresa, ira, tristeza y asco. Es un sentimiento desagradable, ya que nos hace sentir mal de forma pasiva y está vinculado con la infelicidad. 

Personalmente, el miedo es la emoción más difícil de manejar. El dolor lo lloras, la rabia la gritas, pero el miedo te atrapa silenciosamente en tu corazón. No hay que tenerle miedo al miedo, simplemente recuerda que cuando se ponga oscuro, acuérdate que en la oscuridad es cuando salen las estrellas.



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Mi disertación

2018, el año del cambio, ¿utopía?

Por Samuel Medina, alumno de 1º de Bachillerato

2018, el año de la prosperidad, del cambio, de la esperanza. 2018 será el año de la revolución. Muchos tienden a confundir que una revolución siempre será el camino a la utopía: ¿Pero no es, acaso, subjetiva la utopía? Desde hace mucho tiempo atrás, varios pensadores y filósofos han apostado por una sociedad ideal. Concretamente, hablo de la sociedad utópica de Platón, que ponía de manifiesto un Estado en el que gobernase la justicia. ¿Y si dijera que para mí la sociedad ideal sería aquella en la que no gobernase nadie, o donde el materialismo fuese lo primordial, asemejándose así a la actual?

Honestamente, la única forma de cambiar este mundo en el que nos ha tocado vivir, es mediante la revolución. Vivimos en un mundo lleno de desigualdades e injusticias. Donde poder expresar tu opinión es simplemente un refrán para quedar bien, donde tener libertad para vestir y degustar resulta desagradable y donde las actitudes violentas, machistas, racistas, elegetebefóbicas, xenófobas, entre otras, son de lo más cotidiano. Creemos que nuestra libertad no tiene límites, que dar nuestra opinión significa pensar en nosotros y únicamente en nosotros mismos, sin importar la dignidad de los demás. Pero estamos muy confundidos, puesto que lo que para nosotros puede resultar una utopía, para otros puede acabar siendo un infierno. Asimismo, la revolución por sí sola, puede ser una utopía para muchos. Es por eso que, si hay algo difícil en esta vida, es conseguir una utopía común para todos.

Cuando hablamos de libertad, hablamos de alcanzar nuestras metas, de estar satisfechos con nosotros mismos, de salir de nuestra zona de confort y de encontrar nuestra esencia. Y con esencia me refiero a, como bien dijo Tomás de Aquino, lo que hace a una persona, a una cualidad innata con la que todos nacemos, y a la cual, durante el transcurso de nuestras vidas, se le sumarán nuestras elecciones, condiciones y, por lo tanto, nuestra existencia. Pero la conclusión que obtenemos al plantearnos si existe la libertad es un tanto contradictoria, puesto que esta también depende del individuo. Vivimos en una sociedad que nos limita constantemente, por lo que la mayoría de nosotros no llegará a conocer la verdadera libertad nunca. Jean Jacques Rousseau dijo una vez: "El hombre ha nacido libre y sin embargo, vive en todas partes entre cadenas”; nacemos sin responsabilidades, sin excusas y libres. Pero a la mínima, la sociedad tratará de encadenarnos y de alejarnos de la realidad. Es por eso que la libertad no es duradera ni infinita, sino es un estado muy fugaz que podría considerarse tan valioso como el oro.

Adicionalmente, diré que debemos todo lo que tenemos a los protagonistas de las revoluciones. A todos aquellos, conocidos y desconocidos, laureados y dilapidados, que han luchado por un cambio, y en este caso, por encontrar su utopía, aunque esta fuese relativa. Gracias a que enjambres de obreros desfilaron en concentraciones, hoy, la vida laboral de estos es un poco más venturosa. Si no hubiese sido por mujeres que salieron a la calle en manifestaciones, los derechos de las mujeres hoy serían casi nulos. Aunque, socialmente sea necesario, aún, algún que otro cambio con respecto a estos temas, hemos avanzado. Pero tenemos la obligación de luchar contra la sociedad patriarcal que está en el poder, contra una sociedad que no valora a las personas por sus méritos, sino por lo superficial y contra un mundo que no nos permite desarrollarnos totalmente como individuos, como personas libres y como verdaderamente somos. No podemos quedarnos hacinados en esta época para siempre, necesitamos que el mundo recuerde quiénes fuimos y lo que hicimos, para que este se convirtiese en un lugar mejor. Mañana será otro día, otra oportunidad para empezar de cero y proponerte realizar algún cambio. Nunca debemos olvidar, que todos los días que vengan a continuación, serán el día del mañana y que, en cada uno de esos días, nacerá la esperanza y la prosperidad en alguna persona. En pocas palabras, todavía queda mucho por hacer y no podemos detenernos ahora, aunque el camino sea largo y muy costoso.

Del mismo modo, es necesario darle un giro radical a la percepción que otras generaciones tienen sobre nosotros. Lo que nunca es correcto, es no hacer nada. Suele pasar que muchas veces nos paramos a criticar las cosas por lo que son, pero nunca hacemos nada al respecto. Simplemente, “sacamos tiempo” de lo que se supone que es una “agenda apretada”, nos paramos un momento, y criticamos. Nuestra reducida visión de las cosas no nos deja ver que las revoluciones comienzan con pequeños cambios, que a la larga irán cobrando importancia. El ser humano es tan complejo por naturaleza, que no es capaz de ver que es el arma perfecta para combatir la sociedad.

De esa misma forma, no puedo eludir plantear uno de los interrogantes que más acostumbran a protagonizar las controversias: ¿La revolución y la utopía liberan al ser humano? Mucha gente toma el término utopía y lo asocia con una especie de liberación, un antídoto que nos aleja, pero que nos pone en bandeja de forma implícita, la verdadera dictadura oculta detrás de esta. Es decir, todavía cuando el papel utópico consista en ocultar la verdad, para el sujeto en cuestión esto supone una liberación. Pero, claro está, que una de las razones del vivir consiste en descubrir la verdad, es decir, la esencia de las cosas, como bien dijo el filósofo francés René Descartes. De igual modo, muchos filósofos han enlazado las ideas libertad y utopía: la obra fundamental de Karl Marx tiene como objetivo utópico la libertad del individuo. Sin embargo, los pensamientos utópicos, la idea de una sociedad ideal y el pensamiento de un futuro bienestar es el comienzo de muchas revoluciones.

En efecto, el mundo no para de moverse y soy fiel a la idea de que el progreso conlleva a la evolución y viceversa. Ambas ideas comparten lazos muy estrechos. Pero, la evolución de la sociedad es cada vez más lenta, por lo que requiere de ayuda para avanzar. Como sujetos revolucionarios, debemos tener claro, más que nunca, que nosotros somos los protagonistas de la revolución que está a punto de comenzar. Nuestro deber es luchar con valor, valentía y coraje, nunca con violencia. Nuestra libertad nunca debe perturbar la libertad de otros. Debemos recordar que nosotros, en conjunto, formamos parte de un movimiento, de un cambio, y que la forma de hacernos oír no es callando a otros. Asimismo, el cambio debe ir acompañado de valores y se debe combatir con justicia. Estos deben ser siempre fieles a la innovación y al progreso, de lo contrario, sería una revolución realizada en vano. Cuando surgen marchas se busca un cambio, no una demora temporal, así como criticó Tomás Moro en su obra “Utopía”, donde crea una sociedad ficticia con ideales totalmente opuestos a los contemporáneos.

Es evidente que si queremos un cambio a nivel político, debemos comenzar con cambios en el ámbito social. Con manifestaciones, protestas, marchas, concentraciones y, muchas veces, revoluciones. Esa es la única forma con la que nos haremos oír ante tan desfavorable sociedad. A su vez, una verdadera revolución empieza en uno mismo, y me refiero a nivel de la consciencia. Abel Pérez Rojas, un conocido educador, dijo: "Revoluciona la conciencia, que las demás se darán como consecuencia de aquella". En cambio, puedo destacar que el ser humano siempre ha tenido una defectuosa perfección: el uso de la razón, que para filósofos como Platón supuso la mayor capacidad de conocimiento del ser humano, la facultad que lo diferenciaría de otros seres vivos, pero que muchas veces no ha sabido usar. Desafortunadamente, no se puede cambiar la naturaleza humana, pero sí comprenderla.

Desde hace siglos, por no decir milenios, las personas se han enfrentado constantemente por concluir en qué ideología es mejor o la más correcta. ¿Realmente se pueden conciliar la tolerancia y la razón de la humanidad? Lo cierto es que sería una tarea muy complicada, y que a lo largo de la breve historia conocida hasta ahora ha avivado
incontables revoluciones. Nuestro cometido, querido lector, es hacernos oír y formar una sociedad con diversidad de puntos de vista, donde todos sean igual de válidos. La necesidad de revolución debe surgir ante situaciones de desigualdad, que es en este caso, lo que hay que evitar, es decir, nuestra enemiga. De la misma manera, debemos actuar contra una enfermedad muy extendida, una enfermedad llamada estigmatización y que evita que la gente sepa cuál es el verdadero concepto de realidad. Una realidad que les ocultan, y que no les permite imaginarse un mundo en el que todos seamos iguales y todas las ideas, razones y puntos de vista puedan conciliarse y ser igual de válidas. Y del mismo modo que he hecho hasta ahora, podría seguir enumerando cosas por las que debemos luchar o contra qué debemos actuar. Pero no terminaría nunca. ¡Hay tantas cosas que modificar en este mundo!


En definitiva, nosotros somos la nueva era, el futuro, los revolucionarios. Somos los elegidos para hacer algo y cambiar la sociedad, nos merecemos algo mejor que una sociedad materialista y con visiones muy reducidas y cerradas de la realidad. Digámosles que nunca antes habíamos estado tan preparados para una revolución. Una revolución en la que nuestras armas serán la justicia, la verdad y la igualdad. Seremos los protagonistas, los sujetos revolucionarios, de una revolución llamada la revolución del saber y del conocimiento. Es hora de enseñar al mundo, de verdad, quiénes somos.

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Mi disertación

Paz

Por Samuel Rodríguez, alumno de 1º de Bachillerato

La palabra paz primordialmente puede llevarnos al hecho del respeto a la convivencia entre las personas, también trata de acabar con las guerras, algo terrorífico para el mundo entero. Este término, según la Real Academia Española, significa, “situación en la que no existe lucha armada en un país o entre países y relación de armonía entre las personas, sin enfrentamientos ni conflictos”. Su etimología procede del latín “pax, pacis” con la misma acepción.


Si a alguien se puede caracterizar como partidario de la paz y la justicia en la tradición filosófica greco-latina es Sócrates, el filósofo de la Atenas de Pericles que, interrogando a todos sus conciudadanos, les recriminaba el dedicarse a otras cosas que no fuesen el cuidado del alma y hacer que sus cualidades o, virtudes, fuesen mejores. De Sócrates, que murió injustamente en un tribunal que le acusaba de impiedad y de corrupción de la juventud, proceden tres lemas que recogió fielmente su gran discípulo Platón: “nadie hace mal voluntariamente, es decir, nadie hace mal a sabiendas; es mejor padecer la injusticia a cometerla; hay que acatar las leyes aunque sean injustas”. Se puede observar que Sócrates en su muerte, que muchos historiadores insisten en considerar que fue injusta e inmerecida, incluso no culpó a quienes en cierto sentido o le habían acusado inmerecidamente o quizás sí habían realizado el tipo de hecho por el que se le había denunciado al mismo Sócrates. Esto demuestra que era un hombre que intentaba evitar el conflicto gratuito. Era un filósofo que apostaba por la honestidad en torno a las personas que le rodeaban.

¿Predomina la paz hoy? Si no hubiera atentados, guerras, misiles  -como puede ser el caso de Siria-, muertes, violaciones, etcétera, sí existiría la palabra paz. Hay personas que ni siquiera conocen el verdadero uso y necesidad de esta palabra; es más, ignoran el daño que puede repercutir en esos pueblos a los que se bombardea o dilapida continuamente. Miran hacia otro lado ante la muerte, violación,… Una persona, un pueblo que respeta la paz, se siente bien consigo mismo. Por otro lado, quien no la respeta no solo está cometiendo un daño hacia otros, sino hacia sí mismo. Claramente, no se puede decir que en este mundo hay paz, cuando todavía hay guerras donde mueren miles de personas, cuando hay atentados, donde un hombre o mujer se inmolan desde una falsa creencia, acabando con quienes les rodean, donde prosiguen las violaciones, y el resto de acciones despreciables, indignas del género humano. Sin embargo, cuando esto acabe, sí se podrá decir que en este mundo se respeta la paz.

En conclusión, el término paz conlleva implícito en él el hecho de respetar, de respetar al otro, de respetar al resto de los pueblos. Sin respeto esta sociedad no llegará a ninguna parte. Me quedo con una frase de Juan Pablo II, que dice así: “La paz no se escribe con letras de sangre, sino con la inteligencia y el amor”

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Mi disertación

La avaricia

Por David Ramos, alumno de 1º de Bachillerato

En esta disertación trataremos la avaricia, un sentimiento humano que nos impulsa a nunca estar satisfechos e incluso ansiar más y más. La avaricia a menudo se vincula con los bienes materiales, pero no es raro ver que se extrapola a sentimientos o personas.

El término avaricia significa amor hacia el oro y es uno de los pecados capitales que contempla la religión cristiana. Aristóteles tenía una visión clara de la avaricia, que se plasma en una de sus frases: “La avaricia de la humanidad es insaciable”, esta cita se encuentra en uno de sus libros más famosos llamado “La política” y explica de manera muy breve que a su alrededor todo parecía no satisfacerse nunca, porque cuando un deseo se satisfacía otro nuevo ocupaba su lugar. Qué razón tiene Aristóteles, todo nuestro mundo funciona de esta manera, pero, sin duda, su pensamiento se observa aún más claro en los felices años 20, una época que muchos consideran el nacimiento de la sociedad de consumo.


Con la era industrial nacen nuevos bienes como el automóvil y las comidas envasadas, esto hizo que el nivel de producción se disparase, por lo tanto los grandes empresarios se preocuparon por sus ventas. Incluso el gobierno americano fomentó el consumo en masa para mejorar la economía del país, el comprar nuevos y mejores bienes convertía al ciudadano en más aceptado, porque los bienes pasaron a ser símbolo de poder y estatus social. Este pensamiento ha perdurado hasta nuestros días y lo seguirá haciendo mientras predomine el sistema de economía capitalista que nos empuja a comprar más cosas aumentando nuestro sentimiento avaricioso hasta extremos nunca vistos.

Este hecho preocupa a mucha gente porque deja una gran cuestión: si la sociedad, si el hombre, nunca tiene suficiente y siempre desea más, y los bienes no son infinitos ¿no llegará un momento en el que el consumo no será sostenible?

Sin embargo, Immanuel Kant contradice a Aristóteles, ya que Aristóteles sostiene que los avaros se preocupan de la riqueza mucho más de lo debido y Kant defiende que el avaro es totalmente contrario al derrochador, porque el avaro se preocupa sobre su estado de ánimo después de que haya gastado su dinero y el derrochador se preocupa sobre su estado de ánimo cuando se gasta el dinero sin pensar en su estado en el futuro. Según Kant el avaro es aquel que busca amasar una fortuna para luego permitirse placeres, pero en el proceso de la obtención de dicha fortuna no satisface sus placeres.

La avaricia no tiene límites, aquellos que están ciegos por el deseo de tener más y más necesitan acudir a psicólogos para poder lidiar con la situación, es tal el peligro y la absorción que produce que el afectado no ve más allá de conseguir mucho más de lo que tiene.

Esto provoca alejamiento de seres queridos, pérdida de comunicación social y distorsión de la realidad entre otras consecuencias.

El deseo imperioso de “tener” puede ser una de las causas que acabe con el mundo, como se mencionó antes, no es ningún secreto que algún día la producción cesará por falta de materia prima, los gobiernos y la sociedad en si serán los únicos responsables de ello por fomentar estos ideales, a lo largo de la historia la avaricia ha sido la causa principal de la caída de grandes imperios.

Ejemplos claros de ello son la caída del imperio romano y la caída de la España de Felipe II. Roma era una gran civilización que por querer abarcar mucho territorio y conquistar mucho terreno impulsada por este sentimiento no pudo ejercer el control sobre sus territorios perdiendo poder y provocando su caída. El reino español cayó exactamente de la misma manera, ya que sus ansias de poder hicieron censurar los pensamientos de los ciudadanos de América del Sur provocando que se independizaran.


Hay que apostar por intentar eliminar la avaricia del mundo, para así cambiar el pensamiento del ciudadano y crear un nuevo planeta libre de explotación, ceguera y falta de materia.

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Mi disertación

La felicidad

Por Jorge Illescas Plasencia, alumno de 1º de Bachillerato

Desde los inicios del ser humano, hemos estado toda nuestra vida en busca de un estado de ánimo que nos haga sentir plenamente satisfechos por lo que tenemos o por lo que hemos conseguido, lo cual es comúnmente denominado felicidad. Muchas personas la consiguen con el paso de los años, otras sin embargo, creen que nunca la alcanzarán o que simplemente la felicidad es un estado utópico casi o imposible de alcanzar. Pero la verdadera cuestión es: ¿Es posible definir el verdadero concepto de felicidad? ¿Es posible ofrecer una respuesta objetiva a este concepto?


Cada vez que nos planteamos este concepto, nos vienen a la cabeza ideas tan sencillas como que la felicidad es encontrar a tu media naranja, formar una familia feliz, no tener problemas económicos, o ya puestos a fantasear, disponer de todo el dinero que deseemos, cuantos más ceros en nuestra cuenta bancaria mejor. Pero todo eso no define el concepto felicidad, solo da explicación a ese término desde nuestro propio punto de vista, un punto de vista que tiene la gran mayoría, todos ellos afortunados del primer mundo, personas que lo tenemos todo, pero a nuestro parecer no tenemos nada y buscamos tener todavía más de lo que tiene nuestro vecino, ya sea un nuevo terminal o el mejor coche del mercado.

Situémonos ahora en otro contexto totalmente distinto, un contexto que para nosotros se sale de lo normal, vayámonos a Petare, considerado uno de los barrios más pobres y peligrosos del mundo, en Caracas. Para nosotros, la felicidad dejaría de ser algo tan material y pasaría a ser algo tan simple como despertar con vida todas las mañanas, debido al gran índice de homicidios que hay en la zona. Pero no hace falta que crucemos el Atlántico para buscar otra realidad u otro concepto, los casos más claros los tenemos justo al lado de Canarias, en un continente que los propios europeos hemos convertido en uno de los más pobres del  globo, África, donde muchos sufren de desnutrición y la verdadera felicidad es tener algo de comida y agua potable que llevarse a la boca.

Tal y como ya dijo cierta persona en su momento, la felicidad es simplemente un estado mental, estado el cual, depende de nosotros mismos, deja de ser una simple palabra y se convierte en una habilidad que debemos desarrollar para tomar lo que la vida nos ha dado y personalizarlo de forma que sea favorable y placentero para nuestra persona, convirtiendo la felicidad en algo individual o colectivo, si lo que se busca es compartirlo con las personas que más quieres. Sin embargo, quizás podamos encontrar la felicidad cuando encontremos su verdadero significado.

A lo largo de la historia, muchos filósofos han tratado de dar explicación a este entrañable concepto que muchos añoran. Según Sócrates, “El secreto de la felicidad no se encuentra en la búsqueda de más, sino en el desarrollo de la capacidad para disfrutar de menos”.  De tal forma, buscaba enseñar a la gente que es algo que se encuentra en el interior y que por tanto, si reducimos nuestras necesidades, seremos capaces de apreciar hasta las cosas más insignificantes; sin embargo, para otros como Nietzsche, es realmente alcanzable cuando por fin comprobamos que hemos superado los obstáculos que nos oprimían, solo entonces, una persona debería sentirse feliz. Existen numerosas teorías acerca de la felicidad, cada una de ellas diferente a la anterior, así como Ortega y Gasset lo compara con el trabajo, y más exactamente con las vocaciones.

Solamente al analizar la visión de cada filósofo, podemos afirmar con toda la tranquilidad del mundo que la felicidad no puede ser genérica, constante... es imposible, los humanos necesitamos contrastes en nuestro cerebro para ser capaces de percibir este tipo de sensaciones. Si lo fuese no la percibiríamos como tal. Percibimos claramente la necesidad de alguien o de algo cuando nos falta, igual necesidad existe cuando está a nuestro alcance pero nos cuesta mucho verlo. Entonces si lo miramos así, ¿alguien que aparente vivir en un estado de felicidad constante ha pasado del punto de equilibrio a la locura?, ¿alguien que sea plenamente consciente de la realidad, de la corrupción, de las guerras, del hambre.... desde la cordura, es una persona que vive en una situación de tristeza?


Por tanto, podemos empezar a concluir estando de acuerdo en que nunca existirá una felicidad absoluta, puesto que esta siempre va cambiando depende de la persona y lo que desee, explicándome mejor la felicidad es lo que la persona sueñe, lo que espere obtener, el camino que realmente quiera seguir. También dependerá en gran medida de lo mencionado previamente, el contexto en el que se encuentre la persona o las condiciones con las que se haya criado, pero muchas veces es mejor no comparar con lo peor y fijarnos en nosotros mismos. Una cosa debemos tener todos clara, por mucho que conozcamos al que consideramos el amor de nuestra vida, por mucho que nos toque la lotería, por mucho que tengamos la casa, el trabajo o la familia ideal,  lograr la felicidad absoluta nunca será posible ya que no existe una manera de ser feliz constantemente, no existe por el simple hecho de que siempre será pasajera,  nunca llegará y se quedará,  siempre vendrá por el preciso momento que logramos algo que deseamos con toda nuestra voluntad y cuando se cumpla, empezará de nuevo el ciclo que nos lleva en busca de nuestro bienestar. Si hay algo que nos enseña la vida es que nada es para siempre, en algún momento la luz se apaga y por mucho que queramos será muy complicado o imposible volver a encenderla, por ese motivo, las personas felices no tienen las mejores cosas que nos podamos imaginar, sino que hacen de todo lo que tienen lo mejor.
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Mi disertación

La libertad

Por Raúl León, alumno de 1º de Bachillerato

Muchos la buscan, otros tantos luchan por ella, mientras otros dicen poseerla sin tener ni idea de lo que comentan, pero; ¿de qué estamos hablando? Década tras década hemos sido oyentes de “la libertad”, y en cuanto a oyentes me refiero a aquellos que lo oímos pero no nos hemos molestado en indagar en este término. Según la Real Academia Española el término de “libertad” significa literalmente, “Estado o condición de quien no es esclavo”. Pero esta palabra tiene infinidad de significados, tantos como cabezas hay en la tierra, puesto que cada uno tiene sentimientos diferentes y nadie es igual. Si nos referimos al significado que la RAE otorga, podemos deducir que lo que llamamos libertad, es pura obra de la maldad humana, si en ningún momento de la historia nadie se hubiera visto presionado a realizar acciones no deseadas, como por ejemplo los esclavos, ahora mismo este término no existiría.

Tal y como antes hice referencia, la “libertas” es un tema que se ha tocado desde varios puntos de vista a lo largo de toda nuestra historia, algunos la definen como una cualidad humana, otros como un derecho, mientras que otros simplemente piensan que esta nunca ha existido ni nunca existirá, que únicamente se trata de un mito creado por nosotros mismos. También hemos de tener en cuenta que para hablar de libertad hemos de pensar: ¿qué haces con tu libertad?

La libertad es como los derechos, acaban donde empiezan los de los demás. Con esto quiero hacer la simple referencia a que hay que ser libres, siempre y cuando no interfiera en la libertad de otro. Por esto cada uno debe disfrutar su libertad, sin la necesidad de abusar de esta y mucho menos olvidando que la libertad tiene límites y excepciones. En cuanto a libertad, hay tres factores que la determinan, estos son; el saber, la posibilidad y sobretodo la elección. Con estos tres factores se deduce que una persona es libre cuando esta misma se siente de esa manera, y no cuando lo opinen los demás. Ejemplo de esto puede ser un preso, dentro de esas cuatro paredes y barrotes, puede sentirse libre, aunque la mayoría de la sociedad opine todo lo contrario.


Así, pocas son las personas que hoy, en nuestro tiempo, en nuestra sociedad, quizás, puedan ser capaces de encontrarse totalmente libres y sin ataduras, y los que de verdad encuentran esta manera, esta libertad, son discriminados por gran parte de los que no lo son. ¿Pero quienes no son libres? Pues ahí está la idea, la que durante toda la disertación hemos tratado, cada uno tiene una libertad diferente.

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Mi disertación

La sensibilidad

Por Silvia González Tabares, alumna de 1º de Bachillerato


Una vez más, nos encontramos frente a un término procedente del Latín, concretamente con el concepto de “sensibilitas”, haciendo referencia a lo que en la actualidad se conoce como la sensibilidad. Se define como la facultad de sentir, siendo este una de las principales características de los seres sensibles y animados. Además, se le conoce también como un acto natural del ser humano por el cual encuentra el afecto de la ternura y la compasión. 

Esta expresión cuenta como una herramienta esencial para conocer las emociones de los individuos, pues abarca temas como la humanidad, la ternura o la empatía acompañando a los que previamente hemos destacado. No obstante, suele conocerse también en aspectos como el arte, a la hora de la intención estética, para la biología definiéndose como la capacidad de los seres vivos de percibir estímulos o para la música, refiriéndose al captar los sonidos del altavoz o de un aparato electrónico, entre otras muchas referencias. 

En cuanto a sus orígenes, destaca la necesidad de partir de la vivencia de los cambios del cuerpo, es decir, los cambios de los sentidos dependiendo de la situación, dejando atrás la necesidad de adentrarse en la existencia de Dios como respuesta o comparándose con el cuerpo animal. Comienza con la búsqueda del “yo”, pues si de otro dato aparente se conoce al ser humano es por su ansia por ser sí mismo. Para ello, se ve obligado a recurrir a una serie de etapas, donde hace uso la modificación tónica, es decir, de la sensibilidad, para finalmente encontrarse.

El ser humano, destaca también por la búsqueda de la excelencia de cada hombre a raíz de un proceso social, por el cual, surgen cuestiones como: ¿Qué soy yo? ¿Qué son las cosas? Sin embargo, no solo el ser humano moderno es el que se ha preguntado estos sucesos, pues los filósofos a lo largo de la evolución humana también lo hicieron. 

Por un lado, tenemos la visión de Lamarck o de Darwin, los cuáles abarcan temas de aspecto biológico, aunque más adelante surgen las ideologías de Kant, padre de la filosofía y de la sensibilidad. Jean-Baptiste Lamarck basó su teoría en que el cambio de los sentidos se transmite de manera hereditaria, y que es posible gracias al uso de las partes del organismo, aunque Darwin no coincidió con su idea. Este último abarca la teoría de la evolución, por la que hace uso de la sensibilidad y de los sentidos, pues afirma que sobreviven las especies que mejor se adaptan al ambiente, es por ello por lo que es necesario medir la fuerza y la emoción. 

Por otro lado, se encuentra Kant, quien se enfrenta el significado actual de la palabra sensibilidad. Como bien hemos visto, hace referencia a la facultad de sentir y captar valores estéticos y morales, aunque para este filósofo la expresión designa la facultad para tener sensaciones. Al igual, lo asocia con la percepción dividiéndola en sensibilidad interna y externa. 

En primer lugar, encontramos la sensibilidad interna, es decir, la capacidad para entender un conocimiento inmediato, por ejemplo a la hora de saber que estamos tristes o felices. En segundo y así último lugar, se encuentra la sensibilidad externa, que abarca la percepción de conocimientos inmediatos de objetos físicos, es decir, cuando vemos una silla. Ambos tienen unas formas concretas diferenciables, pues en la interna encontramos el tiempo, mientras que en la externa el espacio además del tiempo. 

Profundizando en la teoría de Immanuel Kant, cabe destacar la ciencia que acompaña a todos los principios de la sensibilidad, es decir, la estética, explicando así el modo de tener sensaciones y al ser un individuo trascendental, se asocia con el conocimiento de las condiciones universales y necesarias, que dan lugar al conocimiento sensible para posteriormente concluir en el conocimiento. 

Dicho filósofo resaltaba la Analítica Trascendental, pues decía que la sensibilidad no solo unifica las sensaciones en el tiempo y el espacio de manera múltiple, es decir, los colores, los sonidos, las formas… sino que además comprende lo percibido a través de la función del entendimiento. En este estudio sobre el conocimiento destaca los conceptos y las percepciones, porque denota la idea de que tener la capacidad de entender cualquier fenómeno se asocia con un concepto. 

Por lo demás, añade que el conocimiento es posible gracias a las categorías que aplicamos sobre la multiplicidad de la cual hablamos posteriormente. En su ideología resaltaba el término de concepto puro como condiciones trascendentales necesarias dentro de nuestro conocimiento, pues todo aquello que es objeto de nuestra experiencia corresponde a una categoría, así como causa,efecto, unidad, pluralidad, sustancia… Por ello, el conocimiento según Kant resulta de la unión entre la sensibilidad y el entendimiento. Este filósofo era partidario de esta cooperación, por la que plasmaba a la sensibilidad como la responsable de darnos objetos, mientras que el entendimiento los piensa. 

Dejando atrás los aspectos filosóficos y volviendo al uso cotidiano de la sensibilidad, encontramos un dato interesante. A raíz del mismo podemos encontrar términos de la misma rama como la sensiblería el cual se suele confundir con la sensibilidad, aunque no son para nada similares. En primer lugar, cabe destacar que el sentimiento es el fruto de la humanidad que nos lleva a identificarnos con los problemas de nuestro ser, aunque en segundo y último lugar se encuentra la sensibilidad falsa o forzada, es decir, cuando no es posible conmoverse ante cualquier sentimiento y es por ello, por lo que, en varias ocasiones optamos por simular, por ejemplo, una sonrisa o un llanto. 

Es conveniente hacer uso de la Historia para finalizar nuestra disertación, recalcando una obra en concreto de entre otras muchas acerca del tema de la sensibilidad, la que ha inspirado a bastantes artistas, músicos y escritores. La obra más famosa, sería la novela titulada “Sentido y Sensibilidad” a manos de la autora Jane Austen, publicada a comienzos del siglo XIX, específicamente en 1811, poco antes de su fallecimiento. 

Jane Austen fue una destacada novelista británica de la época georgiana gracias al uso de la ironía que emplea en cada una de sus obras. Una de las más conocidas, y de la que hablaremos a continuación, es la llamada “Sense and Sensibility”, la cual no solo ha sido plasmada en papel, sino que además se ha hecho visible a través del cine y televisión. Consta de la historia de las hermanas Dashwood, quienes tras la muerte de su padre y al perder la herencia del mismo, se marchan a un nuevo lugar para vivir junto a su madre y su tía. A lo largo de la novela, podemos diferenciar los grados de sensibilidad dentro de las imágenes de las hermanas. La mayor, opta por un comportamiento racional capaz de medir sus impulsos, mientras que la hermana más pequeña es mucho más emocional y es la que siempre se deja llevar por los sentimientos. 

En conclusión, es necesario incluir el porqué de nuestra sensibilidad, es decir, el desnivel de sentimientos que cada ser independiente tiene, pues ningún ser humano hace uso de los mismos aunque sí pueden presenciar similitud. En la actualidad existen casos que se han ido estudiando a lo largo de la historia y que además nos ayuda a comprender nuestro ser interior. La más reciente sería la investigación de la Doctora Elaine Aron, quien se ha centrado en un estudio que determina si eres una persona PAS, es decir, con un alto nivel de sensibilidad, o también dicho con otros términos, aquellos que tengan un sistema nervioso más fino y más desarrollado que la mayoría de la gente. 

No obstante, no cualquier persona puede considerarse PAS, pues debe reflejar unas características esenciales, es decir, reflexionar de manera profunda sobre la información que recibe, tiene tendencia a saturarse, presenta una gran emocionalidad la cual le ofrece una fuerte capacidad empática y por último, presenta una alta sensibilidad sensorial. Además, dichas personas suelen sentirse inseguras, afectadas por el ruido o por olores fuertes, sienten dolor por el sufrimiento ajeno, se suelen enamorar fácilmente, etcétera. 


Aunque, dejando atrás esta prueba, lo realmente importante es aceptar nuestra sensibilidad, sin tener en cuenta el grado de la misma, pues simplemente depende de nuestra persona el ser o el querer mostrar más o menos nuestros pensamientos y sentimientos, y no por ello atribuirnos o catalogar a los demás como personas frías, a aquellos que muestran menos sensibilidad, o débiles a aquellos que lo hacen en mayor medida. 

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Mi disertación

La risa

Por Óscar Montesino Castellano, alumno de 1º de Bachillerato

La risa es una característica de la humanidad tan indudable como necesaria. Conforma un método de evasión de los problemas, una forma de mostrar sentimientos, pero sobre todo de indicar comodidad y diversión si esta es real y no fingida. Es a su vez un tema que aparentemente se ve muy normalizado y de forma habitual en la actualidad, pero, ¿lo ha sido siempre? Desde luego la respuesta es un conciso “no”, y es por ello por lo que es imperioso observar los contrastes entre pensamientos sobre la risa a lo largo de la historia. Además, resulta curioso pensar que la risa es algo mucho más complejo de lo que aparenta, pues la cantidad de risas en el mundo y sus tipos son variadas y cambiantes.


El concepto “risa” se refiere a la respuesta de tu organismo a tu humor, dada por movimientos faciales sin olvidar el sonido que se emite a reír. Durante la risa ocurre la contracción de más de 15 músculos de la cara y la emisión del sonido al que llamamos “risa”. Este concepto comienza a ser tratado por filósofos a lo largo de la historia desde la época de Platón y Aristóteles, y posteriormente ha dado varias concepciones del mismo, además de su significado y lo que conlleva. Actualmente, la RAE defiende simplemente que la risa significa “Movimiento de la boca y otras partes del rostro, que demuestra alegría” o “Voz o sonido que acompaña a la risa”. A su vez, es interesante destacar que el término “reír” proviene del latín “ridēre” y “risa” viene de “rīsŭs”.

Muchas son las personas que actualmente presentan una connotación negativa de la risa. Esto normalmente ocurrirá dada la circunstancia de que se encuentren en su vida con una gran cantidad de risas falsas, las cuales tienden a confundir al individuo. Estas risas pueden ser sarcásticas o incluso una clara manera de quien la produce esconder o evadir un sentimiento negativo. Aquellos que tengan esta concepción del término, puede que se identifiquen con los pensamientos de Platón sobre este acto, ya que él la tomaba como una simple muestra de ignorancia. Este conocido filósofo tendía a relacionar una persona risueña con alguien que vive en un mundo irreal, en el que quiere llegar al vicio y acabará cayendo en la tristeza y maldad, y por ello pudriendo el alma. Por tanto, la risa conlleva sentimientos negativos y pretende mostrar indicios de superioridad debido a esta irrealidad en la que vive el que ríe. Por tanto, la razón será la manera en que se retendrá la risa

Aristóteles, quien vivió en la Antigua Grecia al igual que Platón, hizo visible la idea de que la risa conllevaba la sátira hacia algo relacionado con la fealdad. Al contrario que Platón, él no consideró que se incitase a que se creara un sentimiento de tristeza, pero sí a la presencia de algo horrible estéticamente, e incluso de otros sentimientos malévolos, pero nunca tristes. También destaca entre sus ideas que él diferenció la tragedia y comedia, y dividió la comedia en adecuada e inadecuada según a lo que incite. 

Otros filósofos de esa época son recordados por su relación con la risa, ya que Demócrito era llamado “el filósofo que siempre ríe” por todo el tiempo que dedicaba a hacerlo. Muchos que intentan llenar su vida de sonrisas y de un contexto lleno de diversión probablemente se vean reflejados en este personaje tan emblemático de su etapa histórica.

Entre los factores que condicionan la aparición de la risa, es importante encontrarse en un ambiente cómodo y que cause entretenimiento. Los romanos fueron unos grandes proveedores de estos actos, aunque actualmente sus métodos no sean considerados los más humanos precisamente. En Roma, antiguamente se crearon coliseos, luchas de gladiadores, carreras de carros y caballos, luchas con grandes bestias y entre esclavos como medio para crear la risa y diversión de los afortunados que no entraban a la pista de combate. Además, el vino y el uso de alcohol llevaba a lo que anteriormente Platón nombraba, lo cual era saciar los vicios. A pesar de ello, los romanos avanzaron en este ámbito aunque fuese de forma cruel, y fue Quintiliano el creador de los conceptos “risa real y simulada” respectivamente, que evocan a la risa real y falsa que actualmente avistamos y analizamos en la gente. En general, los romanos son un claro ejemplo de que hay que saber en qué momento uno debe reírse o no, ya que una risa en el momento erróneo puede provocar grandes lágrimas y aún mayores tragedias.

A la vez que la situación en la que uno se ríe es importante, también lo es con quién se hace. La sátira puede llevar a malentendidos, y es por ello que tanto la persona con la que se bromea como la intención del que ríe sea benévola. Los cristianos generaron avances en cuanto a esto, formando la diferencia entre “reírse con alguien” y “reírse de alguien”. Esto proviene de dos términos en hebreo que se citan en el Antiguo Testamento, que son “sakhaq” que es lo mismo a una risa alegre e inocente, e “iaag” que implica una risa malévola y burlona. A partir de esto, han llevado al entendimiento de que todo comentario satírico debe ser cuidado por el don de la palabra para no dañar al prójimo, del mismo modo que se debe tener en cuenta la persona con la que se trata. No será lo mismo tratar con un individuo desconocido que con uno de confianza, y es por eso que la risa es un tema cambiante según diversos elementos que la crea.

Otra idea que el cristianismo toma y da importancia es: ¿Es necesaria la risa? El cristianismo se crea en una sociedad destruida, perdida. Es por ello que comienza a pensarse que la risa hace falta, y además que hay que saber medirla correctamente y poder administrar tu risa.

Al llegar la Edad Media, una época en la que el control de la sociedad y los momentos oscuros azotaron al mundo conocido, la risa aumentó su necesidad. La Iglesia, que conformaba parte del poder en este periodo, tomaba la risa como algo negativo, ya que provocaba la ruptura de la obediencia del pueblo y creaba un entorno de desorden y sublevación. De este modo, la risa se convirtió en silencio porque la consideraban un peligro y la despreciaban. Tomaban la seriedad como algo bello, ya que lo entendían como sinónimo del trabajo que se esperaba que cumpliese el pueblo. Existían pequeños momentos de festejo en los que se hacían eventos culturales como bailes, desfiles o procesiones en los cuales se desataba la risa como un medio de liberación momentánea. 

Tras toda esta mala concepción de la risa, Erasmo de Rotterdam con su obra “Elogio de la locura” hace una crítica al concepto de locura hasta ahora y los filósofos que han tomado la locura, y por tanto la risa, como algo negativo y destructor para el humano.

Thomas Hobbes tuvo miedo a la risa, pues la veía como algo bello que podía llegar a provocar mucho daño si se usaba para ello. Por tanto, como aportación propia para una conclusión, es fácil determinar que depende del propósito si la risa es poderosa para el bien o para el mal. Descartes posteriormente la definió como la “sorpresa admirada”, pues la tomaba como un error de la sangre frente a un hecho sorprendente. Aquí comienza a dársele en cierto modo un trasfondo científico a la risa, tomándola como la consecuencia de una reacción del cuerpo a un acto.

Kant, por su parte, determinó que la risa era un método de evasión de la realidad, además de la búsqueda de otra manera de verla. Incluso, otros filósofos de su época comenzaron a dar pie a la concepción subjetiva de la risa y a que cada individuo tiene un sentido del humor diferente. Jean Paul Sartre también tuvo sus aportaciones en este ámbito, llegando a la conclusión de que la risa cumple la función de ser risa en sí misma, y por tanto de hacer reír, pero que no lleva a nada más trascendental que eso mismo.

Más han sido los filósofos que han tratado la risa, como Freud entre sus estudios de la personalidad y la mente e incluso Henri Bergson que la tomó como un hecho social y propio solamente del humano.  El último en avanzar pensamientos sobre la risa fue Peter Berger, quien murió el año pasado.

Por último, llegamos a la risa en la actualidad. La presencia de esta sigue siendo primordial en la sociedad, pues los problemas internos siguen apareciendo. La risa se suele estudiar más como una respuesta fisiológica en asignaturas de ciencias más que en Filosofía, lo cual me resulta triste, ya que es algo básico y necesario como han determinado autores del pasado. Es evidente que tiene que ver con el organismo, pero también con el razonamiento, la verdad y el propio pensamiento. Aun así, la Filosofía ha conseguido crear un puente entre la risa buena y malévola, o incluso podríamos decir que nos intenta salvar de elegir el tipo erróneo mediante sus análisis y corrientes de ideas. Actualmente también se utiliza como medio de comunicación e interacción con otras personas, como fuente de inspiración para obras literarias, como fuente de entretenimiento mediante diversas plataformas como las redes sociales e incluso los llamados “memes”, y finalmente como salida laboral para monologuistas y cómicos de diversas variedades.

Para acabar, podemos determinar que la subjetividad del pensamiento ha creado el igual efecto en la risa, pues el mismo hombre es responsable de que tantas visiones sobre este tema se mantengan presentes. Actualmente, la risa puede ser tanto buena como mala y es responsabilidad de cada uno usar el sarcasmo y otras técnicas para resultar dañino, o en cambio hacer a otros que la risa siga contagiándose por el mundo. Muchos son los elementos que determinan el tipo de comedia utilizada, ya sea el receptor, la cercanía con el mismo, el lugar y ámbito en que se use, pero desde luego la variedad de risas es la mayor y mejor característica. Las infinitas posibilidades de crear un contexto satírico que evoque a los pensamientos de todos los filósofos son una forma de recordar todas esas teorías y de demostrar a todos los que opinaban que la risa solo era una burla malévola que es mucho más que eso. La risa ha movido las mentes de muchos pensadores, pero ahora que creemos saber su potencial positivo, puede mover el mundo.

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Mi disertación

La tenacidad

Por Felipe Gómez Fuentes, alumno de 1º de Bachillerato


La tenacidad es la cualidad de tenaz, que se opone con resistencia a deformarse o romperse, que se prende de una cosa o que es firme y pertinaz en un propósito.

La tenacidad es una actitud caracterizada por la resistencia entre las adversidades. Una
persona tenaz es insistente y se mantiene firme en su conducta o comportamiento hasta alcanzar su objetivo.

La tenacidad es actuar con pasión y confianza. Una persona puede fracasar muchas veces, pero si está dispuesta a aprender de sus errores y a seguir intentándolo, es muy probable que alcance su meta. En este sentido, el término está vinculado con el concepto de perseverancia.

Ciertamente, la tenacidad es un valor imprescindible para alcanzar el éxito en cualquier ámbito de la vida. Hay una expresión que dice “quien triunfa nunca abandona”. En la citada expresión, se expresa la importancia de mantenerse en pie, intentando una y otra vez volver realidad los sueños; al mismo tiempo, deja implícito que el verdadero fracaso reside en darse por vencido, en dejar de luchar. Una actitud tenaz demanda el uso del cien por cien de las capacidades y energías para la realización de un objetivo.

La tenacidad es la capacidad de soportar los golpes de la vida antes de quebrarnos, de darnos por vencidos. 

En la historia de la humanidad, existen un sinfín de personas tenaces que no sucumbieron ante la adversidad. Por ejemplo, Albert Einstein a pesar de ser conocido por su gran genialidad y por las grandes teorías que desarrolló; hubo de hacer frente a sus dificultades para aprender a hablar y caminar en su infancia. Cuando se graduó en la Universidad, presentó cinco tesis doctorales diferentes que fueron rechazadas. Tuvo que sortear la apatía de los científicos de la época, quienes no comprendían las grandes ideas que este genio desarrollaba. A pesar de todo, continuó tenazmente su trabajo, llegando a alcanzar la fama merecida por sus estudios y trabajos.

Otro ejemplo es Marie Curie, científica. Esta mujer se impuso en una época dominada por hombres. Fue una de las pocas científicas de su época y a lo largo de su carrera tuvo que lidiar tenazmente con la imposición de obstáculos que las mujeres debían afrontar. Sin embargo, su inteligencia unida a su tenacidad, le dio la oportunidad de conseguir el puesto de la primera catedrática de la Universidad de París y la convirtió en la primera mujer en ganar el Nobel. También fue pionera en compaginar el trabajo con la vida de familia, es bien sabido que su esposo, Pierre Curie, fue también su colega.

Marie Curie se negó a patentar el proceso de aislamiento del radio. Tanto ella, como su esposo, tenían la costumbre de rechazar premios y medallas. Fue una mujer que mantuvo una vida tenaz y modesta.

Hubo un hombre que tuvo la idea de que a las personas de todo el planeta nos gustaría estar conectados unos con otros, contarnos nuestra vida, compartir fotos de nosotros mismos y de nuestras amistades, así como de la familia. Muchos pensaron que esa idea no era una buena, sin embargo este hombre tenazmente continuó con su proyecto. Su nombre es Mark Zuckerberg y es el fundador de Facebook.

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Mi disertación

Motivación

Por Andrés Pérez Martín, alumno de 1º de Bachillerato

Cada día nos proponemos nuevos retos y proyectos y tenemos una motivación que nos induce a realizar dicha propuesta. La motivación nos impulsa a seguir adelante, incluso en las situaciones más difíciles, y es una de las claves para mejorar en cualquier apartado de la vida. 


Visualizamos un enorme cambio cuando un individuo ejecuta una acción o actividad teniendo una motivación. Este presenta una gran actitud y se esfuerza al máximo para lograr su meta. Tener el conocimiento asentado de cuáles son los motivos que nos inducen, nos será de ayuda para conocer realmente qué es lo que nos lleva a tomar ciertas decisiones o por qué nos decantamos por una elección y no por otra. 

Cada persona tiene sus propias motivaciones que pueden ser muy diferentes a las del resto. También, hay personas que cuentan con bastante energía para conseguir sus metas y otras que no tienen tanta. La persistencia está considerada como un valor muy importante para alcanzar un objetivo, puesto que esta actitud y habilidad personal ayuda a sustituir la carencia de otras habilidades. La persona persistente seguirá intentando pese a los eventuales fracasos y podrá aprender de cada uno de ellos. La persistencia también está vinculada a la superación de obstáculos, sin importar lo difícil que sean.

Años atrás la motivación no estaba tan involucrada en la sociedad como actualmente, puesto que ahora con el desarrollo de las nuevas tecnologías tenemos muchas más facilidades. Puedes motivarte de distintas maneras: con otras personas que te sirven de referencia y realiza la actividad que tú quieras realizar, ya sea en los estudios, todo tipo de deportes, retos, etc. Con la música que más te guste para así hacerlo lograr superar esos momentos de pesadez en la actividad y que sea más llevadera, o simplemente un vídeo de cualquier plataforma que te ayuda enormemente en esta actividad.

Hay diversos apartados en los que la motivación se involucra, como en la psicología y la filosofía, que según estás, la motivación son aspectos internos que dirigen las distintas personas hacia metas o fines determinados, que mueven a la persona a realizar determinadas acciones y persistir en ellas para su realización.

Como si eres la persona más positiva del mundo, puede que en algunos momentos te sea complicado descubrir una motivación. A veces piensas que los cambios positivos son harto complicados de lograr. No te desesperes, hay numerosas soluciones:

Es importante que te centres en un objetivo único, para así poder ir a por ello. También es muy conveniente hacerte una rutina y planificar para crear un hábito el cual te motive a llevarlo a cabo para llegar al éxito y de esa forma crear tus propias responsabilidades. Un ingenioso truco es recordar por qué empezó todo, recuerda la motivación que tenías, la cual, te impulsó a llevar a cabo esa actividad todo lo que querías conseguir y ve a por ello.

El crear un hábito como ya he comentado anteriormente, hace que sea más probable seguir adelante independientemente de la motivación que tengas. El ceñirse a rutinas específicas y realizarla con constancia, disminuye el número de decisiones que se deben tomar, lo que nos permite ahorrar la energía para otros usos más importantes. Existen un montón de estudios sobre lo mencionado, pero el mejor razonamiento lo hizo Newton con su primera ley, que se aplicaba al tema de los hábitos: “Los objetos en movimiento tienden a permanecer en movimiento”. 

Después de este razonamiento de Newton voy a finalizar con una frase de Ernest Dift, un joven español que se dedica principalmente a motivar a las personas orientado a distintas facetas, pero más enfocada al mundo del fitness a través de redes sociales como Instagram o YouTube y dice así: “A comerse el mundo que no engorda”.


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Mi disertación

La ideología

Por María Isabel Castro, alumna de 1º de Bachillerato

La palabra ideología se ha incorporado a nuestro extenso vocabulario, escuchando su
mención en intensas conversaciones entre amigos sobre política y deporte, aunque no sepamos con claridad la definición exacta. Por lo tanto, podríamos comentar que es un conjunto normativo de emociones, ideas y creencias colectivas referidas a la conducta humana. Suele constar de una representación del sistema, y un programa de acción. Primeramente, la representación proporciona un punto de vista propio sobre la realidad, analizando y creando un ideal alternativo, superior al sistema real. Dando paso al programa de acción que tiene como objetivo llevar a cabo esa alternativa pensada con anterioridad. Tales ideas se convierten en un rasgo fuertemente identitario y se forman tanto en grupos pequeños y cerrados como las sectas o grupos mayores y abiertos.

De manera sorprendente, no es tan sencillo comprender dicho término, reciente e interpretado con cierta diversidad, siendo formulado en los últimos años del siglo XVIII por Destutt de Tracy, un filósofo francés de la Ilustración. Medio siglo más tarde, Karl Marx, el gran filósofo prusiano, expresó que era ideología el conjunto de las ideas que explican el mundo en cada sociedad en función de sus modos de producción, relacionando los conocimientos prácticos necesarios para la vida con el sistema de relaciones sociales.

Probablemente, muchos de nosotros no somos conocedores de su historia ni de la relevancia que ha tenido en estos últimos dos siglos. Los primeros filósofos nos sitúan esa necesidad en el «yo interior», requiriendo el sujeto de la reflexión individual. Con el paso del tiempo se situó en las exigencias de la vida social. Se pasó así del interés individual al grupal, provocando que se acuñase el calificativo de “doctrinarios”, vocablo con una connotación negativa que actualmente no ha perdido. Presente en el idealismo de Hegel y el materialismo de Marx, se la consideró, incluso una “escisión de la conciencia”, que produce la alienación. Asimismo, al adentrarnos en el siglo XX, el término es considerado como problema de comunicación social, entrando en los últimos compases en una época de infravaloración de lo ideológico. Por el contrario, no debemos omitir movimientos como el feminismo, por la igualdad racial y el reconocimiento de la identidad sexual, entre muchos otros, con fuerte vocación transformadora de la sociedad. Demostrando que no todo lo que ha surgido del ideal es perverso y destructor.


Desde su aparición le hemos acuñado un significado oscuro y malsonante, pero ¿es realmente tan mala la ideología? Recibiendo diversas y contundentes críticas podríamos pensar que sí, aunque se nos muestra una visión extrema. En principio, es una postura fundamentada que propone un punto de vista superior y un programa de acción propositivo ante una situación social. De este modo, todos somos capaces de entender el lado positivo del concepto, en cuestión. Sin embargo, cuando se encuentra en las manos de un grupo dominante y privilegiado se toma como un sistema de creencias y racionalizaciones. Se convierte en un medio práctico que habilita la aprobación de las mayorías, su sometimiento, la autojustificación de conductas y el error de los oponentes. Independientemente de si las ideas respondan a la realidad o al interés y bien común. Verdades irrefutables, las cuales abren su camino al totalitarismo y al dogmatismo, negando posible otras soluciones a los problemas que se plantean.

Los argumentos enunciados parecen ser suficientes para elaborar una postura ante el tema tratado. No obstante, debemos reflexionar en profundidad y olvidarnos de lo que han pensado e insinuado otros. Entendamos bien que su definición nos produce una sensación no tan agridulce y que tal vez hayan sido muchos los que la han aplicado erróneamente, no siendo conscientes de su verdadero significado. ¿No somos todos un poco dogmáticos? Creamos nuestros propios pensamientos, a los que nos aferramos durante nuestra vida, varíen o no. Nuestras decisiones no son independientes a nuestra ideología ni mucho menos. Esta interviene y justifica, dirigiendo los actos personales o colectivos de los grupos o clases sociales, a cuyos intereses sirve. Los votos en las elecciones, la defensa de ciertos derechos e incluso la participación en eventos o fiestas están unidos a las creencias, a las visiones de un ideal alternativo, mejor que el que vivimos. Cuando debatimos, argumentamos nuestra opinión de la manera más convincente, para persuadir a la otra persona. No lo hacemos con la intención de imponernos, pero sí creemos que nuestra idea es mejor, si no, no la defenderemos con tanto fervor. 

Igualmente, coincidimos en ciertas verdades que no se pueden violar. Por ejemplo, la gran mayoría de los seres humanos consideramos que el homicidio y el hurto son actos horribles e imperdonables, aunque eso no nos impida que los llevemos a cabo. La falta de derechos y la opresión también nos horroriza, más no hacemos nada para cambiarlo. Por lo tanto, sí existen las verdades irrefutables, con las transformaciones que han ido sufriendo con los años. 

En definitiva, seamos autocríticos. En mayor o menor medida todos tenemos ciertos juicios que nos conducen y eso no nos convierte en totalitarios, ni en partidarios del fascismo, sino en personas que creen que hay unos valores morales que son imperturbables. Cierto es que utilizar moral no nos agradará a todos, dado que se han practicado hecho poco éticos en nombre de esa clase de valores. No obstante, al igual que ideología son conceptos que han adquirido “mala fama” por las personas que no han sabido cómo manejarlos. La conclusión que hayamos creado tras el escrito será diversa, algunos contrariados se opondrán, otros no tanto. La intención esperamos que haya quedado clara: recalcar un significado desconocido. Se nos ha hecho costumbre eso de usar términos sin conocerlos realmente, olvidando que se han deteriorado o engrandecidos según quién los haya pronunciado. La historia no miente y nosotros no olvidamos pero quizás el sentido peyorativo no nos resulta tan despreciable tras habernos informado.


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Mi disertación

La emoción

Por Taida Rodríguez Rodríguez, alumna de 1º de Bachillerato



A simple vista, e incluso cuando escuchamos la palabra “emoción”, nos viene a la mente un pensamiento afectivo envuelto de experiencias vividas. Pero, ¿de dónde procede dicha palabra y qué significado nos aporta? Respondiendo a esto, el término deriva del latín ‘emotio’ y se designa como la variación profunda pero efímera del ánimo, la cual puede presentarse junto a cierta conmoción somática. Cabe distinguir dicha expresión con los sentimientos. Dentro de este concepto, el tiempo es más prolongado pero conlleva un estado anímico menos intenso. 

Ambas palabras están íntimamente relacionadas con nuestra dimensión biológica. Científicamente hablando, somos el resultado de reacciones químicas, las cuales se manifiestan con la liberación de determinadas sustancias, lo que acarrea el funcionamiento de nuestro organismo. Por esta razón, cuando nos emocionamos y en función de la situación, podemos palidecer o ruborizarnos, experimentar un aumento de la presión sanguínea y del ritmo cardíaco, temblar, llorar, etc. Las emociones son una fuente de la cual los organismos se basan para establecer su posición respecto al entorno que los rodea. Sin embargo, una duda existencial es relacionar las emociones con el factor cognitivo del individuo. De este modo, ¿hablaríamos de innato o de adquirido?

Frente a esta distinción, se encuentran dos posturas. Por un lado, nos enfrentamos a la de desligar los sentimientos y la parte emocional de todo tipo de razonamiento o proceso cognitivo, y por otro lado la relación entre ambos.

El psicólogo Jean Piaget, famoso por sus aportes al estudio de la infancia y por su teoría constructiva del desarrollo de los conocimientos, establece el vínculo que se da entre las conductas emocionales y los procesos de construcción de una mente individual e inteligente. A través de la competencia racional por descubrir el entorno que nos rodea, se lleva a cabo un proceso interno en el cual las estructuras intrínsecas vinculadas a la formación y las particularidades del cerebro junto a los elementos del sistema nervioso conforman las percepciones del entorno, desencadenando procesos mentales cada vez más complejos y la epigénesis de las estructuras cognitivas. En resumen, el proceso afectivo y cognitivo se ven complementados. Hay dos factores a tener en cuenta, la concientización subjetiva y los cambios fisiológicos, es decir, los sentimientos propiamente dichos y las reacciones del cuerpo a dichos cambios para predisponer al individuo de una nueva experiencia, respectivamente. Internamente, se llevarían a cabo los estímulos internos y la dimensión cognitiva final, o mejor dicho la comprensión de lo que está sucediendo. En función a todo esto, se nos hace imposible analizar las emociones completamente separadas del aspecto racional, puesto que para comprenderlas utilizamos los métodos cognitivos de los que disponemos.

Si descartamos un proceso cognitivo, nos centraríamos en sólo un estado emocional. Las primeras teorías de la emoción se remontan a ello. No quedaba claro si eran las emociones las que dictaban ejercer una reacción, o por el contrario, serían los cambios corporales los que siguiesen inmediatamente a la percepción de un acontecimiento. Ante ello, encontramos la teoría de William James y Carl Langue, simultáneamente, pero de forma independiente, en 1884. Esta teoría establece que, como respuesta a las experiencias y estímulos, el sistema nervioso crea respuestas fisiológicas, fuente primaria de las emociones. Sin embargo, dicha teoría se oponía a la “del sentido común”  en donde la percepción conllevaba una emoción y esta provocaba una reacción fisiológica. Ante esta contradicción ambos autores mostraron la oración “No lloro porque tengo pena, sino que tengo pena porque lloro” y un ejemplo, el cual decía: “al ver a un oso, nos provoca miedo y esto nos impulsa a correr (esta sería la del sentido común)”, pero para James la respuesta adecuada ante un oso es correr, lo cual impulsa a sentir miedo.

Ante esta discusión aparece un estudio, llamado biopsicología de la emoción para tratar de explicar cómo las emociones se producen en el ser humano y como desentrañar su significado. Finalmente, esta incoherencia desapareció con una nueva teoría, la teoría de Cannon-Bard en 1920. Refutaba la anterior con la aplicación de la teoría talámica, la cual tenía como eje funcional el tálamo (parte del encéfalo encargada de la regulación de la actividad de los sentidos). Es una teoría neurofisiológica subcortical, especialmente talámica. Cuando una situación estimular excita a los receptores, éstos envían sus mensajes a la corteza cerebral que estimula al tálamo, produciendo las diferentes emociones. A diferencia de Lange, los cambios producidos en las vísceras no pueden ser los responsables de las emociones. La función de éstos es simplemente actuar como factores homeostáticos.

Finalmente, la teoría más aceptada es una simultaneidad entre ambas. Por esta razón, la propuesta por Jean Piaget es la más certera y la que mejor nos representa. Somos seres emocionales, pero también racionales. Esta peculiaridad nos hace diferente al resto. No somos seres primitivos. Nuestro instinto puede ser animal, pero gracias a un procedimiento lógico-racional debemos saber controlarlo y llevarlo a una situación correcta. 
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Dentro de los distintos tipos de emociones, encontramos el miedo, la ansiedad, la tristeza, el asco etcétera, como emociones negativas;  la sorpresa como emoción neutra y la felicidad como emoción positiva.

Todas estas emociones se representan de distintos modos y no es igual en todas las culturas. Sin embargo, en el libro “La expresión de las emociones en el hombre y los animales” de Charles Darwin de 1872, se argumenta que las expresiones humanas de emoción son innatas y universales en todas las culturas. Pero el investigador y experto en emociones, Paul Ekman afirma que no es así. Mediante experimentos se ha llegado a dicha conclusión. Por ejemplo, en la cultura japonesa se considera ofensivo revelar las emociones negativas, como el asco, en presencia de una figura de autoridad. Otro caso lo constituyen las personas orientales. Estas, se fijan en las regiones de los ojos para conocer el grado de emoción y generan los mismos gestos faciales para expresar sorpresa, miedo o rabia; en cambio, los occidentales deducen la magnitud de la emoción por otros músculos faciales.

Desde la antigüedad  hasta ahora, nuestras decisiones se han visto influenciadas por un uso, correcto o incorrecto, de nuestras emociones. Principalmente y en un gran número de personas, tendemos a actuar de una forma irracional frente a una situación de ira, rabia, pánico, etc., ya que es nuestro instinto e impulso el que nos controla en esos momentos. A pesar de ello, debemos saber actuar en esas situaciones sin perder el uso de la razón. Esto tampoco quita la forma de expresarnos. Continuamente lo hacemos,  forma parte de nuestra comunicación no verbal. Esta forma de comunicación es visual y muy subjetiva puesto que influye la personalidad del individuo.


En definitiva, las emociones forman parte de nuestra vida por ser una fuente necesaria para expresarnos y comunicarnos.

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Mi disertación

La Historia

Por Gerard Rodríguez Ramos, alumno de 1º de Bachillerato

La historia lleva presente entre nosotros desde el comienzo de los siglos, aunque no lo creamos todo lo que haces día a día es historia, pero a una pequeña escala. Muchas personas disertan que toda la historia ha sido una repetición de malos momentos de la sociedad humana, donde solo se pueden observar sufrimientos y represiones, estas personas no se equivocan al argumentar esto. Es normal que tengamos estas opiniones sobre la historia, ya que si se mira hacia atrás sólo podemos ver grandes guerras y grandes represiones generadas por las clases sociales gobernantes y oprimiendo a las clases sociales más bajas. Pero esta es una visión de la historia y quizás hasta de ella, de esa historia repleta de malos momentos, se puedan sacar buenas conclusiones.


Si nos paramos un momento a pensar, toda esta historia es útil porque sabemos los fallos que tuvieron nuestros antepasados, y así no cometeremos nuevamente esos grandes errores que desencadenaron guerras mundiales o conflictos bélicos, que en la actualidad siguen existiendo por culpa de grandes países colonizadores que desestabilizan la economía de sus propias colonias para después ser abandonadas. También hay que tener en cuenta que antes la población, en cierto modo, poseía un pensamiento conquistador, pero gracias al tiempo transcurrido y a la evolución de la sociedad, ese pensamiento en Europa, América, Oceanía y en algunos lugares de Asia y África, esta forma de control ideológico, ha cambiado. Según Karl Marx,  filósofo, economista, sociólogo,  periodista, intelectual y militante comunista prusiano, el motor de la historias es la continua lucha entre las clases sociales, esta frase podría definir la historia, ya que si observamos a lo largo de la evolución de la sociedad, podremos encontrar muchas luchas entre clases sociales, gracias a estas luchas han surgido grandes revoluciones, que han cambiado el curso de un país y modificado la historia. Si reflexionamos, durante un momento, si estas luchas entre clases sociales no hubieran surgido, esas sociedades, como las establecidas en algunos lugares de Asía, seguirían siendo culturas oprimidas o mantendrían una sociedad solo sostenida por el campo y sobreviviendo únicamente por lo cultivado. Realmente, Karl Marx con una solo frase definió la historia.

En nuestra historia, no todo ha sido un camino de rosas, también hubo épocas denominadas Edad Oscura o Época Oscuras. Si nos fijamos en la Edad Oscura, originó un gran retraso en la evolución social y impidió la evolución de nuevas tecnologías. Muchos historiadores de la Edad Oscura han sido un verdadero problema para el crecimiento humano, pero si nos centramos en las principales consecuencias, podemos ver que una de ellas fue la represión a un grupo social minoritario, originado por las altas clases sociales. También el principal problema de ese momento de la historia fue la sociedad estamental, ya que las altas clases sociales oprimían a las pequeñas clases sociales no privilegiadas. Los estamentos sociales siguen existiendo, hay clases sociales, pero en la mayoría de los países los derechos y deberes protegen a unos y a otros.


La historia nunca se podrá olvidar, ya que es algo que siempre estará unida a nosotros. Aunque no lo parezca, cada decisión que escogemos día a día, desencadena un tipo de acción o situación, que alterna el curso de la historia. No solo lo que nosotros hacemos nuestro pequeño espacio social, sino también las decisiones que adoptan los gobiernos pueden cambiar el curso de la historia a grandes escalas. Estas decisiones siguen surgiendo y pueden afectar a otros países o desencadenar guerras. Somos partes de la historia como individuos y como elementos de la sociedad.

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Mi disertación

Egocentrismo

Por Candelaria Martín Díaz, alumna de 1º de Bachillerato

En esta disertación filosófica nos apoyaremos en la visión del célebre filósofo Sigmund Freud sobre el egocentrismo para el desarrollo y comprensión de este tema. El egocentrismo está reconocido como el acto de centrarse en el ego, es decir, en el yo y la exaltación de la personalidad.

El ego evoluciona con nosotros, cambiando con el paso del tiempo y conciliándonos con el superyó de Freud. El superyó se trata de la parte contrarrestante del ello, recogido en su teoría del “ello, yo y superyó”, que representa la moralidad y la ética de cada cultura. El egocentrismo no se aplica únicamente al ámbito de la personalidad, también podemos encontrarlo en el hecho de anteponer opiniones e intereses, con la mentalidad de que estos, superan en importancia a la de los demás. Todo gira a su alrededor, y aquello que no se le ajusta, es rechazado. 

Esta situación se da en niños de forma más frecuente de lo que pensamos. Esto no quiere decir que sean egoístas, esto significa que no tienen la suficiente capacidad mental para respetar a aquellos que discrepan, y tienen creencias distintas a las suyas. Como ejemplo, presentaré brevemente a un psicólogo suizo del siglo XIX, llamado Jean Piaget, el cual colocó a un grupo de niños frente a una simple cordillera de yeso, posteriormente les pidió que seleccionaran un retrato de cuatro, que sería la vista que él tendría, a lo que los niños respondieron seleccionando la imagen que cada uno veía en ese momento. 

Sorprendentemente, personas con discapacidades mentales como pueden ser los autistas o síndromes de Asperger, tienen una alta probabilidad de ser egocéntricos, aunque recientes estudios han demostrado que los que poseen estas enfermedades tienen serios problemas para reflexionar sobre el “yo”. 

Trasladándonos a los siglos anteriores a Cristo, nos percatamos de que los filósofos en esa época ya tenían una visión clara del egocentrismo. Usaremos a Aristóteles y su premisa “se ha preguntado si conviene amarse a sí mismo con preferencia a todo lo demás o si vale más amar a otro” para desarrollar la visión de aquel tiempo. El autor reflexiona sobra la fina línea que separa el amor propio del egocentrismo. A su vez, plantea la existencia de dos tipos de egocentrismo, el primero siendo el conocido como “el placer corporal” que implica la reserva para sí mismos de grandes riquezas y honores. Los egocéntricos de este tipo encuentran placer en la posesión de los mejores bienes, y cuanto más hermosos sean, más satisfacción sienten. Esta teoría podemos reconocerla en su argumento: “Se llama egoístas a los que se atribuyen a sí mismos la mejor parte en las riquezas, en los honores, en los placeres corporales; porque el vulgo siente por todo esto la más viva ansiedad”. 

El segundo tipo, del que nos habla Aristóteles, es la idea de que el egocentrismo da lugar al amor propio. Alcanzar la satisfacción de sus necesidades propias es la única finalidad en la vida de los egocéntricos de este tipo, pero aun así el filósofo les atribuye un gran valor a estas personas, ya que no los denomina injuriosos sino nobles, no es vulgar, ya que es la razón la que les promueve. No los denomina como egoístas, ya que estos favorecen a la comunidad, practicando la virtud, y esta es el bien más importante que alguien puede adquirir, según Aristóteles. 

El filósofo, reconoce al hombre bueno y noble como egocéntrico, pero de ello, obtiene bienes de los que disfrutan sus amigos y comunidad, luchando por el honor y dignidad, sin pensar en lo material. 

Nos acercamos a nuestra época, mostrando la visión de Nietzsche. Para este, el hombre egocéntrico consideraba al cobarde como algo malo. Este egocentrismo desprecia la sabiduría y juramentos, a aquellos que se tragan lo que piensan y no se defienden ante las amenazas, a los conformistas y los que están cansados del mundo. Para Nietzsche, el egocentrismo es donde está el amor. Al filósofo le interesa el egocentrismo en relación con su historia, dependiendo de los aspectos religiosos, y en el marco de su perspectivismo. 

El egocentrismo es un hecho que ha existido a lo largo de la historia, siendo considerado como algo normal o bueno por algunos, o como una estupidez prepotente para otros. Esto sigue ocurriendo ahora, en nuestra era, apoyando en cierto modo a la escasez de solidaridad y empatía. Cada vez somos más individualistas, engreídos, y usamos a las personas como simples objetos de usar y tirar, siempre mirando por el beneficio propio. Esta mentalidad, que muchos consideran que nos llevará a un mejor futuro, lo único que hace es conducirnos al fracaso, como individuales y como colectivo. El mejor ejemplo para esta situación es Napoleón, “divide y vencerás” dijo el francés.

Esta actitud que hemos adoptado basada en el “yo”, es lo que divide nuestra sociedad. Todos estamos demasiado ocupados hablando para tener tiempo de escuchar. No podemos pretender que alguien nos preste atención, nos escuche, se interese por nosotros, cuando cada fragmento de nuestro cuerpo está enfocado en nuestro “yo” y en hacer fracasar a los demás.  

Cuando nos referimos a esta situación, no se adapta a un ámbito concreto, es una realidad que circula en nuestra vida cotidiana en todos lados, en el colegio, en el trabajo, en los negocios, en la política, entre países,...

Parece un problema pequeño, casi del mismo tamaño de la atención que se le presta a erradicarlo, pero tiene más importancia de la que se le da, es algo que nos afecta a todos, que atrasa nuestra evolución como especie y sociedad. Es hora de dejar de ver el egocentrismo como algo normal, y abandonar los “realities” televisivos que están sacando provecho de esta situación. Es hora de enfrentarnos a él, y hacer de esta sociedad una comunidad empática, en la que encuentras apoyo en todas y cada una de las personas que la conforman, y puedes confiar en que nadie va a tratar de derrotarte, porque no existe el egocentrismo, y nadie es mejor que el otro.

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Mi disertación

La ira

Por Arecia Segura Bencomo, alumna de 1º de Bachillerato

La ira es una emoción humana, común y básica. Puede tener diferentes intensidades, desde la irritación a una furia que nos conduce a la violencia, dependiendo de cada individuo. Esta violencia, puede llegar a ser un placer, ya que es un medio de venganza.
Es, también, un conjunto de sentimientos negativos hacia una persona o un sector determinado de la sociedad. Además, es una reacción que activa nuestro cuerpo en contrataque o como mecanismo de defensa cuando nos sentimos dañados por un agente externo, que pone en duda nuestras capacidades o la de los seres cercanos a nosotros y nos produce frustración, como la incapacidad de resolver algún asunto, o puede estar originado por el desprecio que tiene hacia nosotros otra persona. Al ser una emoción humana es normal, o incluso necesario, sentirla, hasta llegar a un punto en el que, de forma controlada y a pequeña escala, puede ser sano experimentarla. Sin embargo, este sentimiento por muy humano que nos haga, no nos forma como personas. ¿Así que es realmente adecuado dejarse llevar por estas emociones que anulan nuestra capacidad de raciocinio?

En la prehistoria, los hombres tenían un coeficiente intelectual muy bajo, por lo que todo se basaba en seguir sus emociones. La ira era una emoción más por la que se dejaban llevar, que les guiaba, a través de la violencia, a reclamar lo que ellos pensaban que era suyo y que otro ser intentaba arrebatarles. Esto terminaba en sangrientas peleas en las cuales el ganador se lo llevaba todo. En esta época, por lo tanto, se puede considerar que la ira era un sentimiento positivo, que te hacia ganar lo que pertenecía a tu contrincante, sin perjudicar su razón. No obstante, no se les puede considerar personas, ya que no entendían cuestiones como la piedad, la empatía o el autocontrol.

A medida que la historia avanza, la percepción del mundo en los humanos cambia y comenzamos a entablar conversaciones usando el cerebro, dejando de lado los sentimientos. De hecho, en la Grecia Antigua se le prestó una especial atención a la razón. En “Las leyes, libro IX”, escrito por Platón, el cual trata sobre las leyes que deberían constituir el código penal en todo el mundo, se estima que hay dos tipos de injusticias causadas por el hombre: la voluntaria causada porque se ha perdido la razón, la cual es considerada un delito; y la involuntaria causada por tres rasgos del alma. Estos son la ira, el placer y la ignorancia; Platón pensaba que en estos casos al delincuente no debería imponérsele ningún castigo, ya que todos cometen injusticias sin querer. Además, eran inconscientes, porque nadie deseaba tener su alma corrompida. De este pensamiento podemos sacar la conclusión de que al dejarse llevar por estos sentimientos cometemos actos atroces contra otros individuos, sin darnos la posibilidad de retractarnos y pensar si es lo adecuado.

También encontramos en ese momento histórico a Aristóteles, quien cree que la ira es el deseo de devolver el daño, y dice “la ira es necesaria; de nada se triunfa sin ella, si no llena al alma, si no calienta al corazón; debe, pues, servirnos, no como jefe, sino como soldado”. Este filósofo admite que las emociones, como la ira, se convierten en armas si se sabe manejarlas. Pero, no tiene en cuenta que muchas veces son ellas las que nos gobiernas y no al contrario, nublando así nuestros pensamientos. De igual forma, expone que en nuestro día a día se nos dan situaciones que nos pueden conducir hacia la ira y que con los amigos solemos ser más propensos a esta emoción ya que son cercanos y nos importa su opinión. De esta forma, nos importa igualmente lo que piensa una parte de la sociedad sobre nosotros, mientras que para la otra parte nos preguntamos, ¿por qué tienen que opinar acerca de nosotros cuando no nos conocen? De esta forma, podemos llegar a encolerizarnos. Además, contradice la filosofía de Platón, pues él piensa que sentir ira es voluntario. Otro punto que señala es que solo sentiremos esto cuando la persona a la que nos dirigimos no se sienta inferior ante nosotros, ya que en caso contrario nos temería y no podría ser una amenaza, remontándonos así a la prehistoria. Asimismo, señala que el tiempo sana la ira y que esta también se desvanece cuando comprendemos el motivo por el cual estamos sufriendo. De igual manera, esta se disiparía si la persona con la que estamos enfadados muere, ya que lo peor que le podía haber pasado ya le sucedió. Todo esto es una visión pesimista de lo que la ira supone para nosotros y debemos entender que hay mejores formas de resolver la frustración que con el deseo de ver sufrir a la persona que nos ha hecho algo malo. Por ello, otras maneras de actuar, como el diálogo, nos hacen personas más civilizadas, que pagando a la otra persona con la misma moneda.

Al continuar en la línea histórica mundial nos topamos con los estoicos, que combaten esta emoción, ya que para ellos arrebata la tranquilidad al alma y coloca la razón en manos de un tirano interior que fomenta los instintos más bajos. Esta visión es semejante a la de Platón, ya que ambos están de acuerdo en que no es favorable ni para el alma, ni para la razón.

Posteriormente, los cristianos desarrollaron su propia idea sobre la ira. Ellos consideran que es uno de los siete pecados capitales y por ello debe ser castigado aquel que se deje llevar por esta, ya que la venganza y el castigo debe dejarse en las manos de Dios. También, piensan que se te queda en el alma, aunque ya la hayas descargado. Además, una persona con este pecado se niega a perdonar, por esto San Gregorio de Nisa decía: “Un hombre así se separa del reino de Dios. Él mismo no será perdonado porque no perdona a los demás”. Sin embargo, una parte de los creyentes creen la posibilidad de que esta puede ser justa si conduce al bien y lucha contra el mal, ya que beneficiaría al prójimo y no le haría ningún daño. Esta visión debería corregirse, ya que no deberíamos comportarnos de forma civilizada para satisfacer a Dios, sino para poder ser mejores personas.

En otras religiones encontramos distintos puntos de vista a los anteriores, como en el islam, en el que la ira se considera una debilidad, y así lo dijo Mahoma: “El fuerte no es el que supera gente por su fuerza, sino que fuerte es el que se controla mientras sufre de ira”. Mientras tanto, en el budismo se considera una emoción destructiva, que solo supone un obstáculo para el que la siente. Aun así, los budistas saben que todo el mundo en algún momento la siente, incluso los santos espirituales. A su vez, el hinduismo lo describe como “Un obstáculo para la satisfacción de los deseos de la persona enojada”. Esto nos aporta una idea clara de que la ira solo nos entorpece en el camino de nuestra vida.

Por último, aparece, en el siglo XIX, Sigmund Freud, quien dijo que “la ira llega cuando la necesidad de amor no es satisfecha o es frustrada”. Pero más tarde, en 1988, la Sociedad Psicológica Estadounidense y la Asociación Antropológica Estadounidense se opusieron a este punto de vista y objetaron que “el ser humano no está genéticamente predispuesto a la ira, y que esta no puede estar científicamente relacionada con el proceso natural de evolución”.

En definitiva, sino aprendemos a controlar la ira, volveremos a la edad de piedra a ser hombres del paleolítico, cuya única forma de comunicación era a través de las emociones, ya que carecían de una cultura tan extensa como la que poseemos hoy. Sin embargo, hay que aprender a diferenciar el anular la ira con el controlarla, ya que no debemos reprimir nuestra naturaleza humana, pero sí usar nuestro razonamiento para evitar ser bestias.

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Mi disertación

Ansiedad

Por Joan Betancourt, alumno de 1º de Bachillerato

Es muy común escuchar las palabras estrés y ansiedad. Al fin y al cabo, la vida de un alumno, trabajador o ciudadano puede convertirse en una continua lucha, desde el punto de vista de la  autorrealización y el futuro. Siempre nos encontramos con estas dos emociones que se transforman en entidades que dan paso al miedo y a la preocupación. Es una alerta de nuestro instinto animal a la supervivencia, una llamada a la vida para evitar la hostil y no bienvenida  llegada de la muerte. Pero ¿qué es la ansiedad? Esta es una pregunta muy interesante ya que la respuesta depende de a qué persona le preguntes. Claro está, existe una definición científica que explica su relación a la dimensión biológica al igual que la psicológica que se encarga de tratar de buscar su origen y progreso. Ahora nos falta la descripción de aquel que la sufre.

A lo largo de la historia, escritores, músicos y artistas han retratado esta emoción y trastorno de diferentes maneras a través de la penuria humana con obras como el Guernica de Picasso u otros muchos, que se inspiraron en la muerte, como Caravaggio. Sin embargo no llegamos a tener una explicación científica hasta estos últimos siglos, ya que al igual que la depresión, no había tenido una consideración clínica.

En definitiva, la ansiedad es una respuesta de defensa del organismo frente a estímulos desagradables como pensamientos e ideas. La ansiedad es la fuente de la frustración humana fruto del miedo y ese es un aspecto que es muy remarcable. Ella nace del miedo al futuro, es decir, qué hacemos, en qué desempeñamos nuestra vida o en considerar si  tenemos valor. Todos esos pensamientos ya de mayor escala surgen de los problemas diarios en el día a día,  como sacar un suspenso, que te despidan, no tener objetivos claros o terminar una relación con tu pareja. Todos estos miedos nos llevan a otros dod sentimientos: la soledad y el amor  

Por una parte, las filosofías naturalistas nos enseñan que el ser humano es sociable por naturaleza y a pesar de que el naturalismo en cierta parte es utópico, es verdad que el hombre necesita compañía por lo que la ausencia de esta puede generar un gran trauma. Por otra parte, ¿por qué necesitamos ser amados y amar?  Nos encontramos con una respuesta más orientada a la sexualidad, ya que el filósofo Sigmund Freud argumentaba que el hecho de tener una pareja creaba la sensación de perpetuar la vida, lo que nos puede llevar a respondernos porque el desamor nos produce tal ansiedad.

Continuando con Sigmund Freud, el conocido psicólogo creía que el primer contacto con la realidad tras el nacimiento era nuestro primer encuentro con la ansiedad, puesto que la invasión de incomodidades nos obliga a adaptarnos al entorno. Confiaba en que existían varios tipos de ansiedad, como por ejemplo la neurótica, que podría ser la más familiarizada con nosotros, ya que es la que presenciamos cuando se presenta una amenaza, la que nace del miedo y la represión de impulsos sexuales en la niñez. Por último la ansiedad moral, es la que utilizamos a través del llamado superyó
para castigarnos cuando expresamos instintos que van en contra de los estigmatizados por la sociedad.

Entonces podemos concretar que la influencia de la sociedad afecta al individuo a grandes escalas, es decir, la moral de aquello que está estigmatizado. Es el superyó del que hablaba Freud. Nos sentimos mal porque interiorizamos esa creencia y este proceso genera la ansiedad anteriormente comentada. 

En la Historia de la Filosofía, hemos podido observar muchas representaciones de la ansiedad, las primeras se encontraban en la Antigua Grecia a través de misticismos como evitar  los castigos de los dioses y así hacer sentir a sus ciudadanos en paz con ellos mismos. Esta se debía a la visión teocentrista y espiritualista de muchos filósofos como Platón y Aristóteles . Sin embargo la prevalencia de estos supuestos dioses permanecía como motor en busca de la paz y tranquilidad interior para encontrar no solo el bienestar y paz interior sino también para enfrentar el miedo y angustia, que suponía la muerte además de ser una explicación para los sucesos de la vida diaria. 


A través de los párrafos anteriores, hemos ido concluyendo que la muerte es un factor inevitable cuando se habla de ansiedad y angustia. La principal función del ser humano durante la historia ha sido sobrevivir y la habilidad de reflexionar exalta y representa a la humanidad por lo que somos los únicos que han tenido que enfrentarse cara a cara con la idea de no existir, y al mismo tiempo plasmarla en la literatura , fotografía y arte. A pesar de esto el humano ha sabido adaptar la maravillosa ventaja de dejar la muerte a un lado y hacer alusión en cierta manera al “Carpe diem”, esa es la  única vía de escape que se nos presenta a nosotros como seres pensantes que somos. 

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Mi disertación

El amor

Por Marta Salido, alumna de 1º de Bachillerato

Amor. Proveniente del latín amor, -oris. La RAE (Real Academia Española), define al amor como “Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.” o como “Tendencia a la unión sexual”. En el ámbito biológico, el amor es creado por las sustancias químicas llamadas feromonas. Sin embargo, el filósofo Empédocles, el primer filósofo en usar la palabra “amor”, consideraba esa idea del amor como principios opuestos de unión y separación de los elementos del universo, dándole al amor un sentido metafísico. Platón en cambio, le dio un significado central y complejo, el cual lo describió, clasificó y se refirió a él en todas sus obras. 


Platón afirmaba que había tres clases de amor dentro de las leyes: el del cuerpo, el del alma y una mezcla de ambos. En general, decía que el amor podía ser legítimo, bueno e ilegítimo o malo. El amor malo, según el gran filósofo, era el que se sentía cuando no importaba el alma ni la luz que producían las ideas en el cuerpo. Sin el alma, el cuerpo no podría amar. Por lo que el que ama puede ver el reflejo del alma en el cuerpo de su amado, al contrario de los que no aman. Platón siempre vio el amor como dudar entre el tener y el no tener.

Desde el punto de vista biológico, se han dado a conocer dos tipos de amor: el amor de pareja, que sería el romántico; y el amor filial, que sería el maternal o paternal, o ambos. Nuestra especie necesita de estos dos tipos de amores, puesto que el primero, el romántico, lleva a la reproducción, mientras que el segundo, el filial, permite que los bebés, niños o niñas, reciban los cuidados adecuados para su desarrollo. 

El amor es de gran importancia en el Cristianismo. Para San Agustín, el amor personal, divino y humano, era hacia la caridad. Sin embargo, el amor, como siempre, puede ser malo o bueno, menos el amor a Dios, puesto que siempre es un amor bueno. El amor es bueno cuando es hacia Dios, pero malo cuando es hacia una tendencia solo humana. 

Para Sigmund Freud, el amor es el instinto de vida, las pulsiones de conservación y sexuales que se oponen al instinto de muerte, pulsiones de destrucción, la tendencia a regresar al estado inorgánico e inanimado. Freud descubrió en el mito de Narciso, que fue condenado a enamorarse de su propia imagen reflejada en las aguas de un estanque, por haber rechazado el amor de Eco, una ninfa de la montaña enamorada de su propia voz. El placer de la propia interioridad hace que una persona se encierre en el egocentrismo y en la indiferencia hacia los demás, de lo que es necesario salir para poder tener una vida plena. 

Para Ortega y Gasset el amor hacia alguien en particular nace de lo más profundo de la personalidad anímica, es la preferencia más íntima y arcana que forma parte del carácter individual. La belleza que atrae es difícil que coincida con la belleza que enamora, porque no suele transformarse en interés verdadero y amoroso, se la puede admirar pero no se la ama.

Solo cuando se sale de sí mismo y la preocupación se centra en los otros es cuando se comienza a entender que es posible mantenerse a través de las influencias y las obras realizadas, el amor hacia los hijos, la ayuda a los amigos, las obras de arte, las acciones solidarias y todo lo que se realiza por amor a los demás.

Desde la psicología, el amor surge de una necesidad afectiva y sexual. En el plano social, la cultura y el momento histórico en el que vivimos, juega un papel fundamental en cómo y de quién nos enamoramos, puesto que si hubiéramos nacido o crecido en otro momento histórico o simplemente en otro lugar, tu “prototipo de pareja” sería otro. 

En conclusión, el amor es un sentimiento que podemos experimentar en algún momento de nuestras vidas. En cambio, apartando eso, todos tenemos diferentes concepciones acerca de cómo es el amor, puesto que no tiene una definición cerrada ni un concepto unitario.  El mejor consejo sería “abre la mente y vive, el amor puede encontrarte en el lugar menos esperado”. 

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Mi disertación

Igualdad

Por Patricia Padilla González, alumna de 1º de Bachillerato

Parece que esto es solo algo que está de moda, que todos reclaman, que piden a través de periódicos, redes sociales, revistas, televisión, manifestaciones e, incluso, juzgados. Todo esto puede resumirse en una palabra de apenas ocho letras, pero con un poder e impacto mundial impresionante: la igualdad.

Vivimos en un mundo lleno de personas hipócritas, injustas, egoístas… ¿Por qué digo esto? Pues porque estando en pleno Siglo XXI, el Siglo del cambio, de la evolución, de la revolución, etcétera, con toda esta actualidad, a una persona no le dan un trabajo o no la miran igual en la calle que a otra por ser de otra raza, otro género u otra religión entre muchas otras desigualdades que genera nuestra sociedad para sentirse superiores ante el mundo e importantes, marginando así a grupos minoritarios que merecen los mismos derechos y el mismo respeto que todos.

Como todos conocemos, hay muchos tipos de dificultades que pueden presentar algunas personas por alguna característica física al intentar adaptarse a una nueva ciudad o un nuevo lugar al que se han mudado. Tal que así, esto no solo se vive entre los adultos, sino que en los niños es algo más marcado y llamativo, como puede ser el caso de un niño de raza negra al llegar nuevo a su escuela y que le miren mal únicamente por el color de su piel y le aparten del resto de niños, haciendo que este pobre niño muestre rechazo hacia los estudios y hacia la civilización en general.

Además, ¿es normal que un hombre y una mujer, ejerciendo el mismo trabajo tengan sueldos diferentes, dando prioridad a los hombres? Desde hace muchos años, hay una desigualdad muy visible entre el hombre y la mujer, viendo a esta última más débil, menos capacitada, sexualizada y siendo la madre y esposa perfecta. Y, al contrario que esto, al hombre siempre le tienen como el que manda, el macho dominante, el de poder, más derecho y más libertad.

Por suerte, esto ha ido cambiando con el paso de los años, pero aún la diferencia es muy marcada, como en la desigualdad salarial, como mencioné anteriormente, que muchas empresas han conseguido mejorar, pero aún no todas lo han hecho.

Por otra parte, la justicia no ayuda a mejorar esta situación. Esta sociedad enseña a las mujeres a vivir con miedos, miedo de que te violen cuando salgas de fiesta con tus amigas, de que te echen algo en una bebida y te maten, de que tu futuro marido te maltrate, de que digas lo que te pasa y no te crean o te echen la culpa por haber ido “muy provocativa” o haberlo “buscado”... Nuestras madres nos mandan a tener cuidado porque tienen miedo de que esa chica de 18 años que vieron hoy en las noticias violada violentamente por cinco hombres puedas ser tú al salir esa noche de cena con tus amigos. Pero… ¿por qué en lugar de tener miedo de que tu hija sea violada no tienes miedo de que tu hijo sea un violador? Pero no, se empeñan en decir que eres tú la que debe tener cuidado, que no debes hablar con desconocidos, que no debes dejar tus bebidas abandonadas, que intentes no salir con esa “minifalda”, porque irías provocando que te suceda algo. 

Sí, vivimos con miedo, pero no somos las únicas. Hay niños que viven con miedo de que este día estén los mismos chicos esperándole para insultarle y pegarle como lo hicieron ayer solo porque es asiático. Hay personas que tienen miedo de que solo por su aspecto y llevar un maletín piensen que van a poner una bomba y solo vas a buscar trabajo un día más. ¿Por qué seguimos así? ¿Por qué lloramos por cualquier cosa cuando no sabemos lo que es vivir día tras día con miedo por todo? Igualdad no es sólo una palabra, es un deseo, es una muestra de respeto y empatía hacia los demás. 

La igualdad, según la interpretación ante el capital, supone la igualdad jurídica de los ciudadanos ante la ley, conservándose la explotación del hombre por el hombre y subsistiendo la desigualdad política y patrimonial.

Pero existen países en los que se sigue educando a la mujer para que de mayor sepa hacer todas las cosas de la casa, cuidar a los hijos y ser una buena mujer, y al hombre para que consiga un buen trabajo y sea el que tenga el poder, y lleve el dinero a su hogar, y, obviamente, como él tiene el poder, ella calla ante lo que haga o deje de hacer. 

Como ya mencioné con anterioridad, generalmente esta realidad no es habitual en nuestro país, pero eso no significa que no exista. Desde los inicios de la Filosofía, Aristóteles fue el primero en predicar sobre el derecho de tratar igual a los iguales y desigual a los desiguales, ya que él desde ese entonces sabía que la igualdad iba unida a la justicia.

Hoy, nuestra sociedad está muy lejos de lograr lo que todos desearían, la igualdad para todos. Muchas veces somos una sociedad egoísta y discriminamos al otro por motivos materiales o simplemente por no saber tolerar al prójimo. Diariamente podemos ser testigos de la desigualdad palpitante en nuestra sociedad, que cuenta además con dos caras que son muy marcadas, dentro del ámbito económico, zonas donde los recursos económicos sobran y otras zonas de plena pobreza. Simplemente nuestra sociedad aún no está preparada para vivir en un mundo igualitario, ya que no somos capaces de ver al otro como un igual. Como dijo Aristóteles, la igualdad es solo para los iguales, los que saben qué la igualdad existe entre nosotros realmente. La sociedad pide igualdad para todos y en los detalles más mínimos no es capaz de practicarla.

Recientemente, surge una nueva política, la política de la dignidad igualitaria, que aparece en la cultura de occidente y se debe a la incursión de los pensamientos de Rousseau y de Kant. Rousseau es considerado como uno de los iniciadores del reconocimiento; sin embargo, nunca llegó a utilizar tal término. El filósofo suizo comenzó por estructurar teóricamente la importancia del respeto igualitario, que planteó a partir de la libertad como consideración indispensable para alcanzarla, esta operación la realiza la persona no sólo porque necesita de los demás para su sustento o supervivencia, sino porque busca obtener su estimación: "la persona que depende de otros es esclava de la opinión". En consecuencia, tenemos una gran paradoja, puesto que, supuestamente todos somos desiguales en poder y, sin embargo, todos dependemos de los demás, recordemos la dialéctica del amo y el esclavo de Hegel.


Viendo todo esto, todo lo que hemos “evolucionado”, todo lo que han cambiado las tecnologías y mentalidades, ¿no sería lógico que terminara de evolucionar la igualdad? Esto daría paso a mayores cambios en el futuro y a menos problemas en el presente. Todos merecemos el mismo derecho y el mismo respeto, pero el cambio debe empezar por nosotros y nuestra forma de tratar a los demás. Yo me apunto a dar mi granito de arena para la igualdad, ¿y tú lo harás?

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Mi disertación

La tristeza

Por Ainhoa Ayenfegue, alumna de 1º de Bachillerato


Nuestra condición humana nos dota de diferentes sentimientos que vivimos a lo largo de nuestra vida a partir de distintas situaciones y anécdotas que pasamos; sin embargo, a veces deseamos poder eliminar alguna de ellas que tienen un impacto más amargo que otras. ¿Por qué suprimir las afecciones que provocan un dolor abstracto en nuestro cuerpo? ¿No son igual de necesarias que el resto?

La tristeza es, inevitablemente, una de las emociones que más experimentamos día tras día,e incluso sin procesarla. A su vez, es un sentir que catalogamos como algo negativo y que evitamos a toda costa. Cuando un ser querido parte, cuando una persona que creías especial te falla, cuando le has dedicado esfuerzo y sudor a algo pero los resultados no son los esperados… cuando esto ocurre, nuestra primera reacción es pensar, preguntarse qué ha pasado, qué hemos hecho mal, qué podríamos haber evitado; acto seguido, suspiramos. Un gesto tan simple como lo es exhalar y dejar caer el peso y la tensión de nuestros hombros, muestra el inicio del sentir la ‘tristeza’ o, en otras palabras, la ‘decepción’. 

Algunas personas exteriorizan esta pena con lágrimas, otras se mantienen en silencio y se desplazan a un mundo interior... Pero si hay algo en común entre todas, es la expresión de sus rostros o el vacío de las miradas. No obstante, no es así en todos los casos, muchos individuos saben cómo guardarse el dolor y esconderlo, muestran una fuerza y alegría al mundo exterior totalmente artificial, ¿es eso bueno? ¿O acaba siendo un castigo interno?

Cuando expresamos afecciones, expulsamos tensión interior -la enemiga real para nuestro bienestar emocional-, aunque nos engañemos a nosotros mismos tratando de convencer a nuestra mente de que no nos sentimos dolidos, de que pasará… Ignoramos los sentimientos, mostrando una coraza que parece no sufrir en absoluto y al final es la que más dañada está. ¿Por qué escondemos un proceso natural como es el sentir? ¿Qué hay de malo en encontrarse mal, dolido y desganado? 

Honestamente, esto debe ser motivo para la autosuperación y el fortalecimiento mental del ser humano; no razón de burla o símbolo de vulnerabilidad como hemos hecho creer a las personas hasta la actualidad. Debemos cambiar la concepción de estas clases de emociones y comenzar a normalizarlas. Incidamos más en los ejemplos dados previamente:

Cuando un familiar se va de nuestro lado, la gente tiende a decirte: “No llores, todo estará bien”. ¿Por qué no llorar? Por medio de las lágrimas canalizamos la tristeza y el sentimiento de soledad que nos invade por dentro, dejamos salir el dolor que puede llegar a ser físico; por ello, en los últimos años (o al menos lo que he escuchado con más frecuencia) es el “suéltalo todo”. Poco a poco hemos comprendido que expresar todas nuestras afecciones da mejores resultados que guardarlas, pues así no sacamos beneficio alguno.

Cuando tu pareja o persona especial te rechaza, escoge otro camino de su vida en el que no entras tú, etc…; llega la llamada soledad o el rechazo, ambas son camino para sentir tristeza. Estamos acostumbrados y diseñados por naturaleza a estar rodeados de personas, a crear lazos afectivos y a sentirnos atraídos entre nosotros, no obstante, por muy feliz y puro que suene esta idea, la vida no nos prepara para afrontar la cara oculta de los “momentos ideales”; pues supone que somos lo suficientemente fuertes para interiorizar que todo lo bueno acaba. A pesar de que así debe ser, nos aferramos al bienestar que nos producen los “momentos ideales” ya que asociamos la felicidad o la satisfacción con ellos. La decepción por otro lado quiere ser evitada constantemente, es la villana de la película y, sin darnos cuenta, es la que al final de la historia nos hace más fuertes y cautelosos.

Y, finalmente, el peor de los casos: El esfuerzo que no da fruto. Probablemente sea el sabor más amargo de la tristeza, el que más hundido deje a todas las personas pero, como hemos insistido a lo largo de esta disertación, no es más que otro motivo de fortaleza. Hay que tener presente siempre que todas las emociones aportan y comportan parte de lo que somos y de nuestro carácter, por ende todas son necesarias en su medida sin filtrar y evitar la presencia de unas.

Al fin y al cabo, los sentimientos son reacciones químicas que provoca nuestro cuerpo, son inevitables y completamente naturales. No hay ninguna antinatural o innecesaria para nuestra vida, la tristeza no será menos.


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Mi disertación

Sociedad

Por Omar Fernando Armas Delgado

La existencia humana está compuesta por diversas bases éticas, morales y una en especial, que las une entre ellas denominada y llamada sociedad. En los inicios del ser humano, lo habitaban pequeñas parejas, individuos e incluso muy pequeños grupos. Tras el curso del tiempo, los grupos de personas se juntan para conseguir más población y con eso tener mayor eficacia en el ámbito de la comida, procreación y demás; al mismo tiempo los nómadas, que son aquellos sujetos que no se sitúan en un mismo lugar por mucho tiempo, sino que viajan por todo el mundo.

Hace millones de años que los nómadas existían, pero fueron desapareciendo y a lo que esto conlleva es a la construcción de pequeñas ciudades para un mayor conjunto de habitantes. Los años pasan en la sociedad de la antigüedad, donde no había mayor razonamiento sobre lo que es observado y lo vivido, todo lo visto fue traducido y dibujado en cuevas con una especie de piedra, parecida a la tiza actual. Los homo-erectus, homo sapiens son evolución del ser humano, años tras años, hasta llegar a lo que somos ahora, homo sapiens-sapiens. Hemos cambiado demasiado en lo físico, psicológico y moral, pero la similitud que hubo y sigue habiendo, es que seguimos siendo acaparadores de todo lo posible.

El fallo de todos nosotros, es el pensamiento de no tener nada y a lo que nos lleva a investigar para tener más y más cosas, sin ver que sería, de otra forma, más sencillo para todos. Pero no todo es así, porque hay mucho materialismo en la vida, tal como lo dice Karl Marx. Uno de los mejores filósofos del materialismo y creador del marxismo, tiene unas ideas en contra del capitalismo e incluso al materialismo dialéctico. Los principios de sus conocimientos sobre este tema son el tratado de la realidad marxista con el llamado materialismo histórico y la economía marxista. El materialismo histórico lucha en contra de las clases sociales que había en ese entonces y que aún sigue habiendo en nuestra sociedad.

En décadas anteriores al siglo XII, el pensamiento de la población era muy retrógrado, analizando el momento de la historia en la que estamos, con ideas tan incoherentes como la opinión del sexo de una persona, su orientación sexual, pensamiento político y simplemente por su raza. 

También en nuestro mundo, se les han señalado a aquellas personas que no sean de una misma religión o por ser ateo. Continuamente las personas somos tratadas como estúpidos y mentes huecas, por los supremos en poder y riqueza. 

La definición de las personas que realizan su vida en la Tierra, es tan simple como observar las causas, consecuencias de las guerras; la presidencia de Donald Trump en uno de los países con mayor capacidad economía del mundo es un ejemplo. Incluso las discusiones de los presidentes de Estados Unidos y Corea del Norte, que comenzaron por insultos en las redes sociales, luego amenazas en ellas y han llegado al punto de lanzar misiles de prueba cerca de los países enemigos. Un claro ejemplo de la incoherencia humana, verdad.

Para concluir con la disertación y explicar mis argumentos, todo lo comentado ha ocurrido y está pasando en nuestro planeta Tierra. El cambio climático es un proceso que está cambiando nuestro medioambiente, poco a poco, pero nuestros malos actos han acelerado este suceso. Ya ha ocurrido en la historia de la Tierra y se denomina como Era de Hielo, pero la diferencia es que fue natural y hecha por la naturaleza. También la relación de considerar a la mujer como una esclava, sirvienta o el peor de los casos un objeto sexual por y para un solo consumo, parece repugnante ese pensamiento de intentar poseer algo que es imposible, que es a un ser humano y que es igual que esas personan que se aprovechan de seres pobres.



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Mi disertación

La presión social

Por Cristian Jesús Armas Delgado, alumno de 1º de Bachillerato


La presión social es fácilmente explicada en pocas palabras, crea una visión donde se quiere tener un tipo de persona perfecta. Cambian actitudes, amigos, formas de vestir o tipos de música… solo para ser el chico o chica ideal. Si no sigues la “moda” te denigran o incluso te pueden hacer bullying, ya que eres extraño. Este tipo de presión se encuentra principalmente en las escuelas o centros donde haya personas adolecentes o jóvenes. 
En 1951, se produjo un experimento creado por un psicólogo llamado Solomon Asch (nació en Polonia, y falleció y estudio en Estados Unidos), donde el experimento era tan fácil como hacer esto: Todos los participantes del experimento, excepto uno, eran cómplices del experimentador. El experimento consistía realmente en ver cómo ese estudiante reaccionaba frente al comportamiento de todos los demás. El objetivo era estudiar las condiciones que incitan al individuo a someterse a la presión del grupo. Brevemente, el individuo decidía la solución errónea, ya que los demás del grupo lo incitaban a ello, aun sabiendo él que no era así.

La presión de grupo puede llevar a que hagan cosas aparentemente superficiales como usar cierta ropa, música (como dije anteriormente), realizar eventos que realmente tu no quieres hacer, solamente los haces por no ser menos que ellos. Hay muchas opciones y posibilidades para caer en esa presión. 


Finalmente, destacamos que esta presión es hoy muy normal en nuestra sociedad, son muchos las presiones que nos persiguen. Sin embargo, hay que intentar evitarla, puesto que cada uno es como es, por ejemplo: si todos fuésemos iguales, nos aburriríamos y no seríamos personas, sino seres extraños, fabricados en serie.


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Mi disertación

Los límites humanos, barreras que nos protegen de nosotros mismos

Por Samuel Martín, alumno de 1º de Bachillerato

No hace mucho, el ser humano era una especie animal más, que vivía en lo que
actualmente denominamos tierra. Años atrás era inimaginable volar, salir de la atmósfera, pero eso ya son límites que hemos sido capaces de superar. Parece ser que todo lo que nos proponemos lo acabamos cumpliendo, sin embargo no siempre es así. Existen ciertos retos que nuestra propia moral y conciencia no nos permiten alcanzar. Dicho esto, vamos a estudiar ciertos conceptos en los que estos dos valores influyen. 

Cuando miramos atrás en las páginas de la historia, lo más llamativo o lo más representativo de esta suelen ser los conflictos bélicos como consecuencia de “los valores humanos”. En la actualidad siguen vigentes en ciertos lugares del globo,  aunque cada vez más dañinos para la población, debido al uso de armas que conllevan unas grandes investigaciones detrás de sí. A este límite ha llegado el ser humano, dejando atrás todos los valores por los que se ha luchado, todo eso que permitió a los ciudadanos avanzar hacia un “mundo en paz” se está desvaneciendo cada vez más, por el interés de unos pocos. 

Si nos remontamos a la Segunda Guerra Mundial –o quizás debería escribirlo en minúsculas-, también conocida como la peor de toda la historia, vemos claramente esa carencia de moral previamente citada. No logro entender cómo hay gente que puede ser capaz de arrebatar tantas vidas, humanas en este caso, por la simple razón de que son judíos. Lo peor de todo esto es que sigue pasando hoy, pero no tan radicalmente. Muchas personas sufren bullying por pertenecer a una etnia distinta a la del agresor o su forma de ser, cosa por la que deberíamos de estar todos orgullosos pues eso es lo que nos define. Esto es exactamente lo mismo que los nazis hicieron con los judíos pero indirectamente y a menor escala, o eso es lo que creemos. 

El conocimiento, en el caso del ser humano, consiste en una actividad relacionada con el entorno que le permite existir, mantenerse y desarrollarse en toda su existencia. El en el caso específico de las personas incluye lo social y cultural, pero si nos vamos a un sentido más personal, también constituye nuestra conciencia y la moral, dos grandes herramientas que hemos empleado a lo largo de la historia para nuestro beneficio, pero al parecer se trata de un arma de doble filo. Hoy, la ciencia habla de cognición o actividades cognitivas, un conjunto de acciones y relaciones complejas dentro de un sistema complejo, o sistema nervioso central, más conocido como cerebro cuyo resultado o interpretación es lo que consideramos y denominamos conocimiento. La adquisición de conocimiento implica procesos cognitivos complejos, procesos a los que al parecer nos cerramos o una vez realizados, los ignoramos porque es mucho más fácil no hacer nada, o no hacerlo bien, lo que daña al resto. 

Bien es cierto que los límites aquí tratados no son tangibles, pero sí que son transformados en eso que conocemos como leyes a nivel nacional o mundial, y como moral en forma de leyes de cada individuo. Esta moral se crea y modifica durante toda nuestra vida y suele ser mucho más influyente en la persona que las leyes impuestas por un estado, ya que son parte de nuestra persona, no algo ajeno como lo son las leyes. Por tanto, es mucho más fiable para alguien seguir sus propias normas a aceptar las del resto. No sabemos a ciencia cierta cuáles son las más fidedignas, sin embargo, se sabe que ambas son importantes a la hora de ponernos límites, ese horizonte que nos “impide” dejar de ser personas.

El ser humano no tiene límites, y si los tiene, los ha roto sin pensar que puede traer consigo esa clase de comportamiento. Puede que en nuestros hogares, en nuestro país e incluso en el resto del mundo haya unas normas y unas leyes, pero el humano, sumergido en su mayor ignorancia, ha tenido siempre la tentadora alternativa de no cumplirlas. Como decía Karl Popper: “La verdadera ignorancia no es la ausencia de conocimiento, sino el hecho de rehusarse a adquirirlos”. Después de tantas catástrofes creadas por el mismo ser, “el único que razona” en este mundo, me cuestiono una infinidad de cosas, como la maldad de las personas, o la falta de valores que algunas tienen… Lo normal que es para mí hacer “bien” las cosas y lo normal que es para otros hacerlas “mal”. La conclusión que saco de este planteamiento es que el ser humano no tiene límites.


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Mi disertación

La vida

Por Daniel Yanes Campos, alumno de 1º Bachillerato

La supervivencia es lo que ha llevado a la humanidad a ser lo que es en la actualidad. Este es el objetivo de cada uno de los que la conforman, vivir. Pues al no saber que hay detrás de la muerte a ciencia cierta, la mayor parte de la población ha intentado que sus vidas sean lo mejor posible.



Empecemos por una simple pregunta, ¿qué es la vida? La vida es un regalo que nos han dado sin tener que pedirla y sin contar con nosotros. Un premio que se nos otorga sin poder negarlo en el que vienen incluidos también sentimientos de dolor, amor, felicidad, etc. Resumiendo, esta es un conjunto de experiencias que solo vivimos una vez y nunca vemos venir ninguna de ellas.

El sentido de la vida se encuentra en alcanzar los propósitos y las metas, este dependerá de cada persona. Pues cada vida tendrá un objetivo diferente; para el que quiera ser médico, tendrá un sentido diferente a la del que quiera ser astronauta. E incluso, aun queriendo hacer la misma profesión, los sentidos serán distintos, pues uno quizás querrá tener hijos o prefiera trabajar en el extranjero… 

¿Somos nosotros quienes la controlamos o existen otros elementos que influyen en nuestras decisiones? Pues, por desgracia, somos producto de la sociedad en la que nos hemos criado y nuestra manera de pensar, mayoritariamente, es igual al resto de personas integrantes en esta misma. Y es por eso que, cuando tenemos que tomar una decisión, esos factores influyentes actúan sin permiso y acaban repercutiendo en le elección que hallamos tomado. 

Se encuentra presente en este tema el conocido destino, ¿Existe en realidad? Al contrario que en la anterior, esta respuesta es mucho más compleja, es una que depende de cómo empleemos el concepto de destino. Por ejemplo, la forma de cambiar tu destino, suponiendo que este exista, sería viajando atrás en el tiempo. Bien, que pasaría si tu destino hubiese sido haber viajado en el tiempo, en ese caso no has podido cambiarlo ya que ese fue siempre tu fin. ¿El término viaja en la línea temporal o se mantiene estático en la época a la que pertenece? Dependiendo de cómo lo entendamos, podría existir o no.
¿Y después de la vida? Esta pregunta se formula desde el principio de los tiempos y durará hasta el final. Tan solo existen creencias inventadas para darle sentido a la vida, ya que, si no existe nada después de la muerte, para qué vivir. Se crean a partir de esta pregunta y otras cuestiones similares las religiones. Conjunto de ideas e historias donde se supone que es un ente superior el que nos creó, nos domina y nos da la oportunidad de vivir. 
¿De verdad creemos todos en esto? Es probable que no todos estemos aferrados a una religión pensando que es la verdad. El problema es que tememos a la muerte, tememos que una vez nuestra vida acabe, todo lo que hayamos hecho se desvanecerá y quedará en el olvido. Es entonces cuando desearemos creer en una religión, para así lograremos pensar que existe algo mejor. 

Para algunos la vida es sufrimiento y desgracia, para personas que realmente ha tenido la desgracia de nacer en lugares maltratados por la pobreza, la guerra o el hambre. 
Otros creen que es una prueba a la que nos somete Dios para entrar en el paraíso. Una de las creencias más extendidas por todo el mundo.

Algunos piensan de manera muy segura en la existencia de la reencarnación, después de cada muerte, en otro ser vivo. 

Existe quien piensa que la vida es una maravilla, una gran suerte, se limitan a vivir y a sentir intensamente todo el tiempo que le sea posible. Son aquellos con una visión de la vida más hedonista.

Lo que sí parece claro es que la vida es un regalo. Y se dice “regalo” porque es algo que se nos ha otorgado sin comerlo ni beberlo, sin haber dado nada a cambio y sin pedirlo de modo alguno. Una cosa con la que de repente nos hemos topado y que tenemos la ocasión de disfrutar.

El sentido de la vida nunca nos ha sido revelado porque tal vez la vida no tenga ningún sentido. Esta quizás es una de las teorías más acertadas, pues no  ha de tener un significado espiritual.

Lo mejor es que cada persona considere la vida como crea conveniente, que le busque su propio sentido y que, en armonía con los demás, la viva conforme a sus leyes, siendo feliz y, sobre todo, dejando ser feliz a los demás. 




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